Los productos forestales no madereros contribuyen a la economía micro y macro, a través de vías no comerciales, así como formales e informales. Chamberlain et al. (2018): Assessment of Nontimber Forest Products in the United States Under Changing Conditions
En esta entrada quisiera reivindicar unos bienes asociados a los sistemas forestales y que habitualmente no reciben la atención que creo merecen, sobre todo por su importancia a nivel local, más que a nivel agregado. Se trata de los productos forestales no maderables (o madereros) que, para empezar, no presentan una definición universal y estandarizada. Dejando a un lado acepciones poco afortunadas (p.ej., “productos secundarios”), o parciales (“wild products”) si nos vamos a su equivalente en el idioma inglés, ha habido una tradicional disputa entre los que los llamaban “non-timber forest products” y lo que, como la FAO, apostaban por “non-wood forest products”. La distinción radicaba en que se pueda o no considerar un producto forestal no maderero las leñas y otros subproductos de la madera. La segunda acepción excluye todo lo que tenga que ver con la madera. Si se acepta esta alternativa, se podría pensar en que el conjunto de productos que se englobaría en esta clasificación deba ser homogéneo entre países, pero no siempre se cumple esta premisa, como se mostrará más adelante. Es decir, hay productos forestales no madereros (PFNM) que, en algunos países, no se incluyen en esta definición. Por otro lado, algunos de ellos presentan una característica singular y es que constituyen servicios ecosistémicos de provisión asociados a la alimentación (tanto humana como de animales domésticos) y esta característica suele tener un encaje más complicado en el ámbito forestal. También es necesario tener presente que los PFNM están presentes en bosques naturales, en plantaciones, en sistemas agroforestales… e incluso en terrenos no forestales, con lo que la casuística parece más amplia de lo que inicialmente uno pudiera pensar. Por último, conviene adelantar que habitualmente el valor comercial de los PFNM presentan una importancia a nivel agregado inferior a la de la madera. Aunque algún estudio a nivel europeo la cifra en un 71% del valor de la madera en rollo, tradicionalmente se manejaban cifras menores. Sin embargo, conviene resaltar que existen algunos países donde se da la situación inversa, y el valor agregado de los PFMN supera al de los productos derivados de la madera.

Como se ha podido intuir del párrafo anterior, no resulta fácil proponer una clasificación precisa de estos productos. Y esta situación se agrava porque en las publicaciones más reputadas, tanto a nivel nacional como internacional, se siguen diferentes criterios, muchas veces basados en decisiones históricas. A nivel europeo se propone, quizá en la referencia más interesante (Vacik et al., 2020), una división de los PFNM en cuatro categorías: hongos y trufas, productos de los árboles, productos del sotobosque y productos de origen animal. En el caso de España, si atendemos tanto a una publicación relevante publicada desde el INIA (Sánchez-González et al., 2020), como a las estadísticas que ofrece el MITERD, se pueden resumir en las tres primeras categorías que acabo de mencionar o, si se quiere, aún se puede sintetizar algo más y un porcentaje muy elevado (en cuanto a su producción o el valor de la misma) se reducen a dos grupos: productos asociados con la alimentación humana y productos de carácter industrial. En concreto, a nivel estadístico se suelen recoger datos de castañas, corcho, resina, piñones, hongos y, de forma separada, las trufas. Sin embargo, en el libro del INIA que acabo de citar se amplía este listado con miel, plantas aromáticas y medicinales y un cajón de sastre que incluye a bayas, esparto, acebo, helechos, etc. Si detallo de forma prolija esta lista es porque al menos hay un producto cuya acepción es problemática. Me refiero a la miel, que aunque muchos forestales no tienen dudas que es un PFNM, la realidad no siempre acompaña esta afirmación. Por poner dos hechos relacionados, la miel tradicionalmente se ha incluido en una Organización Común de Mercados Agrícolas (OCM) dentro de la PAC, y muchos productores en España se acogen a dicho paraguas. De aquí se derivan algunas consecuencias, como que en España las estadísticas sobre su producción se hallan en la web del Ministerio de Agricultura. A mi juicio, y al igual que ocurre con otros productos y servicios, estos problemas de asignación se acabarían si hubiese una política del rural de forma conjunta, y no esa división actual en (al menos) dos compartimentos estancos: lo agrícola y lo forestal. Sin embargo, parece que existen muchos intereses en fomentar una división binaria en el mundo rural cuando existen demasiados grises cuya correcta asignación de recursos se ve afectada ante soluciones tan maximalistas.
En esta línea, algún lector puede haberse quedado sorprendido que no existan en España PFNM de origen animal, a diferencia de otros países de Europa. Esto es así porque nunca se ha considerado la caza dentro de esta categoría. Igual se pudiera argumentar que es diferente la caza en sistemas forestales mediterráneos que en otras latitudes, pero, curiosamente, en un libro que se acaba de publicar hace unos días en Portugal, sí que se incluye la caza como un PFNM. Incluso también hay un capítulo dedicado al pastoreo en sistemas forestales. Todo ello creo que refleja la variabilidad existente a la hora de abordar de forma integral este conjunto de PFNM. Trayendo a colación otro ejemplo, y aunque en España presenta una importancia residual, en muchos países de Europa y América uno de los PFNM más importantes desde el punto de vista económico son los árboles de Navidad. En el caso de Alemania, por ejemplo, se habla de más de cincuenta mil hectáreas con este tipo de plantaciones, y, curiosamente, la inmensa mayoría se ubica en terrenos no forestales.

.Por otro lado, resulta indudable que fomentar un aprovechamiento juicioso de estos productos redunda en aspectos como la conservación de los recursos, el desarrollo de las comunidades rurales y, en definitiva, una bioeconomía forestal real (fuera de eslóganes y constructos pseudopolíticos). Sin embargo, esta meta choca con una realidad que, en muchas ocasiones, impide, coarta o embarulla el auge de estos servicios ecosistémicos de provisión. Así, en términos generales ( y este razonamiento se hace extensivo a otros países europeos), no se dispone de informaciones detalladas sobre aspectos económicos (en ocasiones, también ecológicos) y de gestión asociados a estos PFNM, por lo que no es posible modelar ni diseñar en el tiempo y en el espacio acciones que promuevan un tratamiento y una producción especializados de determinados productos y una correcta integración con otros servicios ecosistémicos (desde la producción de madera a servicios de regulación y culturales). Además, hay que tener presente que, mientras la producción de madera no siempre produce rentas anuales, una característica de muchos PFNM es que todos los años puede existir una producción comercializable. Y, dejando a un lado variabilidades endógenas, en muchas ocasiones la mayor o menor producción puede estar influida por las condiciones iniciales y, sobre todo, cómo se ven modificadas a lo largo del tiempo por la acción del hombre. Es decir, se requiere una gestión específica que muchas veces no se produce, al quedar orillada por la gestión orientada a un objetivo principal de producción de madera o, como bien ilustra el Prof. Oria de Rueda, simplemente por el auge no justificado de la “no gestión”.
Por ilustrar lo que estoy comentando con un ejemplo real, me voy a referir a los hongos comestibles en España. Partiendo de la base que el conocimiento de estos productos ha avanzado muchísimo en las últimas décadas gracias a diversos grupos de investigación punteros a nivel internacional distribuidos por varias CC.AA., nos encontramos, por ejemplo, que en los libros existentes sobre gestión forestal no se habla casi nada de este recurso, y si se analizan muchos documentos de gestión (proyectos de ordenación y similares) es frecuente que las referencias sean sólo tangenciales, aun cuando pueda ser un recurso importante a nivel local. En esta línea, resulta muchas veces de gran importancia acomodar las acciones selvícolas intentando compaginar la producción de madera y la fúngica, y teniendo presente que, en términos económicos, casi siempre estamos hablando de situaciones de producción conjunta. Por desgracia, pocas veces he visto justificar acciones selvícolas (por ejemplo, clareos y claras más tempranas) con el fin de favorecer el recurso micológico. Si nos vamos al tema de las estadísticas básicas de estos productos, nos encontramos con unas cifras oficiales que no se sabe bien de dónde salen, ya que no hay una metodología común para todo el país (se basan en censos, y no en muestreos) y se dice que, salvo alguna excepción sólo se tienen en cuenta montes de titularidad pública. Tampoco uno tiene claro si esas cifras corresponden a hongos que llegan realmente al mercado, y no a una estimación de una producción potencial, y tampoco se ha justificado adecuadamente aspectos como el autoconsumo y el mercado informal. Para mayor inri, las cifras no se corresponden con datos de mercado a nivel nacional, y no se ofrecen explicaciones al respecto. Estoy seguro que si una estadística de producción de madera presentara estos problemas, se hubiesen producido ya múltiples quejas.

Estas carencias impiden que se puedan planificar acciones que intenten optimizar estos recursos, siempre con la integración de la producción de madera (en el caso que sea un objetivo prioritario en el caso de estudio) y con el resto de los servicios ecosistémicos considerados. En definitiva, ello implica que se deberían justificar muchas decisiones que se toman en la gestión forestal bajo una perspectiva donde no sólo se tiene en cuenta la madera. Me refiero desde el esfuerzo de inventario, a las acciones selvícolas propuestas, la estructura de la masa, el turno o la programación de los diferentes aprovechamientos, etc. Y si se habla de aprovechamientos, no quisiera acabar esta entrada sin hablar de un PFMN singular como es la caza, que suele tener documentos de gestión propios (planes técnicos de gestión cinegética), pero, como ya he comentado, paradójicamente no se suele considerar un PFMN. Hablar de la caza también lleva a justificar el título de la entrada. Quisiera aclarar que se la ha añadido la coletilla “servicios” para incidir en que muchas veces estos productos están asociados a servicios que se monetizan de forma comercial (actividades cinegéticas, micoturismo, etc.). Dicho de otra forma, los PFMN también están asociados a otro tipo de servicios ecosistémicos que no son sólo los de provisión, y eso constituye un motivo más para incidir en la necesidad de mejorar a todos los niveles su gestión y su integración con el resto de servicios ecosistémicos presentes en un sistema forestal, sea cual fuere su origen.




4 comentarios en “Productos (y Servicios) Forestales no Maderables”
Muy buena síntesis, profesor D.Balteiro!!!!
Muchas gracias, Juan Andrés. Un abrazo
Muy interesante. Comparto está visión al 100 %. En Navarra estamos tratando de desarrollar varias iniciativas en este sentido. Una de ellas es el proyecto «Bosques Comestibles». Desde la visión de que los «Bosques’ ( extensible a los sistemas agroforestales en general y sus PFNM) nos alimentan cuerpo y alma. Su gestión y puesta en valor sostenible no puede analizarse desde un punto de vista únicamente economicista. También por sus valores de recreo, salud, desarrollo rural…
Muchas gracias por el comentario, y enhorabuena por esas iniciativas, sin duda muy apropiadas. Un cordial saludo.