(Otro) Informe que desinforma sobre el eucalipto

Araya was taken aback by the extent of the old man’s lands, with its meadows for cows and a dense eucalyptus forest. Mauricio Segura: Eucalyptus

Hace unas semanas, el Consello de Cultura Galega publicó un informe sobre el eucalipto en el que se intenta abordar el impacto de las plantaciones de crecimiento rápido (eufemismo de eucaliptales), según los autores, en dos aspectos fundamentales: la biodiversidad y el patrimonio cultural. El objeto de esta entrada es, después de leerlo y reflexionar al respecto, y con todo el respeto a la institución y a los autores, realizar algunas valoraciones sobre el mismo.

Quienes me hayan leído otras entradas, saben que considero a los eucaliptos el género botánico más sexi, por lo que unir cultura (por la Institución) y eucalipto me pareció a priori una mezcla muy atractiva. Sin embargo, después de su lectura, el poso que me deja su lectura no rezuma epítetos bondadosos, por la ausencia de imparcialidad en el mismo. Sinceramente, esperaba ver argumentos a favor y en contra de estas plantaciones, algunos de ellos incluso novedosos, y llegando a propuestas sensatas pero, desgraciadamente, no ha sido el caso. Todo está orientado hacia la misma xenofobia botánica tan común en los últimos años. En cuanto a su origen y, de una manera muy sucinta, este informe ha sido propuesto por unas asociaciones ambientalistas que, a través de la lectura de sus páginas web, destilan un aroma contrario a este género, y esta tendencia ha cristalizado en este informe. A pesar de que los autores afirman que pretendían un análisis objetivo, técnico y riguroso (en adelante, “OTR”), entre otras cualidades, la realidad dista mucho de estos ideales, como mostraré a continuación. 

Las ideas generales que subyacen a esta publicación, y a la xenofobia botánica que destila, se pueden resumir en tres puntos. El primero es que se parte de una idea preconcebida totalmente beligerante contra el eucalipto (no es precisamente “OTR”): todo vale contra este género. La segunda es que de casos particulares absolutamente puntuales, que pudieran ser ejemplos de hipotéticas malas praxis, se hace una bola de nieve generalizándolos y asumiendo falsamente que es una realidad. Es decir, se toma la excepción y se generaliza justificándose que es un problema de primera magnitud. La tercera es que se retuercen conceptos, escalas temporales y espaciales, definiciones y arquetipos para justificar ideas peregrinas, y siempre sin el apoyo de datos empíricos que las sustenten. Obviamente, siempre resulta más sencillo realizar juicios de valor, abundantes en todo el informe, que corroborar empíricamente las hipótesis realizadas. Sin embargo, estas ideas fuerza se complementan con otra realidad paralela: para los autores no existen las preferencias de los propietarios forestales, y, por supuesto, no tienen ninguna relevancia sus legítimos derechos sobre sus tierras. Lo que importa es la planificación territorial excluyente que proponen, no sólo para espacios sujetos a medidas de protección, y que debe cumplirse taxativamente.

El documento presenta dos partes claramente diferenciadas (planificación territorial y biodiversidad, por un lado, y patrimonio cultural, por otro) y un anexo. En cuanto a la primera parte, conviene resaltar algunos hechos del documento. Así, se dice que a mediados del siglo pasado las plantaciones de eucalipto sustituyeron a otras ya existentes de pino. Además, se apunta, certeramente, que existe una simultaneidad entre el incremento de las plantaciones y el abandono de tierras agrícolas. Incluso, se aporta un dato: hasta el año 2014 el 54% de las nuevas plantaciones se han dispuesto en zonas de matorral, un 36% en suelos agrícolas, y un 7% sobre frondosas (p.15). Todo este argumento viene enfocado a destacar esta última frase: ahí se debe colegir que las plantaciones de eucalipto NO se han instalado en superficies ocupadas por vegetación autóctona. Sin embargo, varias veces en el documento se afirma taxativamente lo contrario (es decir, que han sustituido a la vegetación autóctona). Y, cabe recordar, todo ello sin acudir a los datos del Inventario Forestal Continuo de Galicia o al Inventario Forestal Nacional. Pero, además, se aporta más adelante otro dato que rebaja esta cifra hasta el 5% antes de 2018, pero bajo un epígrafe titulado “efectos de sustitución del bosque nativo”. Esta esquizofrenia sólo se explica por la primera razón que he enumerado anteriormente: todo vale contra el eucalipto.

Además de expresiones comunes comunes propios de la “eucaliptofobia” (“pirófito”, “alóctono”, “invasor”, “producción masiva, invasiva e indiscriminada”, etc.), en este informe se aporta otra bastante significativa. Más de una vez se dice que las plantaciones de eucalipto son ilegales (me refiero a antes de la moratoria), sin aportar ningún dato o evidencia al respecto. Sin duda, otro ejemplo de “OTR”. Por otro lado, un mantra recurrente que aparece varias veces en el texto es la idea de “conflicto”. Mientras que está bien argumentado su empleo en la parte final (hombre versus naturaleza), en otros apartados del informe se generaliza (sin pruebas, datos o similares) diciendo que existe un conflicto con las plantaciones de eucalipto, sin aportar datos o evidencias y trasladando la idea de que si a alguien no le gusta una plantación forestal, se produce automáticamente un “conflicto”. Si juntamos todo esto (plantaciones ilegales, conflicto, culpables de una falsa deforestación de frondosas) el cóctel es todo menos objetivo y, a mi juicio, lo que es peor, mostrando una absoluta falta de empatía con el propietario que no posee propiedades ilegales, no conoce la existencia de conflicto alguno, y seguro que no ha talado una fraga para establecer su legítima plantación. 

Esta falta de empatía también se observa en la parte dedicada a la planificación. La idea final es que todo el suelo de la Galicia rural debe estar rígidamente regulado. Llama la atención que fíen muchas opciones para justificar una hipotética y deseada reducción de la superficie dedicada a estas plantaciones a la figura de los PORF pero, sorprendentemente no comentan nada de alguno redactado para un distrito forestal donde el eucalipto abunda, ni comentan la necesaria e imprescindible parte de gestión participativa asociada a los mismos. De lo escrito se deduce que si se entiende que hay eucaliptos que está ocupando zonas de labradío, se debe de prohibir y reservar ese suelo a estos usos. Es como si se pretende utópicamente una “reprimarización” (término utilizado en los últimos años en países como Brasil ante el boom de las materias primas agrícolas) de la economía sin contar con los diferentes stakeholders implicados. Obviamente, que exista un abandono de las explotaciones o que el despoblamiento rural sea alarmante, eso no va a estropear la idea de expulsar al eucalipto de donde convenga. Mejor que el terreno esté abandonado que plantado con especies de este género, faltaría más. Y, si cuadra, se le echa la culpa del despoblamiento rural, como ya ha sucedido en otras ocasiones, dado que, repito, la veda está libre contra estas mirtáceas. Además, conviene recordar otra falacia reiterada: según los autores, si una zona previamente poblada con eucaliptos se declara a posteriori Parque Natural o perteneciente al Convenio Ramsar, el eucalipto “se infiltra” en estas zonas. El verbo utilizado es, cuanto menos, curioso. 

Un concepto recurrente en la publicación es el del paisaje. Obviamente, todo paisaje que contenga una repoblación forestal con estas plantaciones conlleva, a juicio de los autores, el calificativo de degradado. Hacer valoraciones, comparaciones y juicios sobre aspectos paisajísticos es siempre bastante etéreo y se requieren datos y referencias temporales y espaciales. Realizar estas afirmaciones son, cuanto menos, peligrosas, si no hay marcos de comparación claros. Habrá que conocer, en cada caso, el punto de partida inicial, y máxime en un territorio que hace varias décadas presentaba una gran deforestación. Cuando se habla de las consecuencias asociadas a los incendios forestales, se dice que no se reconocen valores naturales, culturales y paisajísticos del monte en toda su extensión (p. 18). No puedo estar más de acuerdo que cuando arde un sistema forestal (eucaliptales incluidos) se deben valorar todos los servicios ecosistémicos que se han perdido, sean de provisión, de regulación o culturales. Ahora bien, el concepto “valor paisajístico” no está vinculado a un determinado servicio ecosistémico, y eso que la lista es bastante amplia. Hablando de servicios ecosistémicos, parece que los autores no tienen claro estos conceptos, obviándose que las plantaciones de eucalipto proporcionan servicios ecosistémicos de provisión, omisión bastante común en diferentes foros.  Sin embargo, hay que resaltar que se admite indirectamente que esas plantaciones que provocan unos paisajes tan degradados también presentan un valor paisajístico.

Pero la parte más novedosa, al menos para mí, es la dedicada al patrimonio natural, donde se explica el concepto de paisaje cultural. Creo que se presenta un relato que, en sus líneas básicas, casi todo el mundo aceptaría (de forma extremadamente simplificada, conservar el patrimonio cultural existente en los sistemas forestales). Sin embargo, y como cabría de esperar, se aprovecha para utilizarlo como ariete contra el eucalipto, al menos bajo dos prismas. El primero es que, al parecer (como es normal, no hay datos ni evidencias al respecto), se han producido daños en yacimientos arqueológicos que, como es lógico pensar, pueden ser abundantes en terrenos forestales y la culpa… la tienen las plantaciones de eucalipto. Estas plantaciones “masivas” utilizan maquinaria pesada que afecta a dichos yacimientos. Es decir, que todos los cambios de uso que se han producido desde épocas milenarias, sólo las plantaciones de eucalipto han provocado estos destrozos. Por supuesto, si se hace una forestación con otra especie (por ejemplo, una frondosa autóctona), nunca se van a producir este tipo de daños ni se va a utilizar ese tipo de maquinaria. En fin, otro ejemplo de “OTR”. Se dice, asimismo, que el conocimiento del patrimonio cultural gallego es dispar e insuficiente (supongo que el eucalipto no tiene la culpa de ello), y se resalta la importancia el patrimonio inmaterial, con algunas aportaciones interesantes (los vallados de tierra). Sin embargo, y como cabría esperar, vuelve a demonizarse al eucalipto. La tesis al respecto parte de la siguiente idea: si se cambia el uso de la tierra, se pueden modificar linderos, desaparecen elementos culturales, los topónimos no tienen sentido… y obviamente, las plantaciones de eucalipto serían los principales responsables. Es decir, cuando los romanos plantaron castaños seguro que había otros topónimos que se han perdido, pero no pasa nada. Cuando se plantaron miles y miles de hectáreas con cultivos alóctonos (adjetivo que en el texto, curiosamente, sólo se utiliza para el eucalipto) como el maíz y la patata, seguro que los topónimos existentes hasta ese momento eran otros, pero no pasa nada. Sin embargo, cuando el cambio de uso es motivado por una plantación de eucalipto, se borra el relato inmaterial. Otro pseudo-motivo inventado contra este género. Y hablando de otros ejemplos más positivos y verídicos de patrimonio cultural y relatos inmateriales, en Tasmania se adoptó en 1962 una norma que convierte a Eucalyptus globulus, el más común en Galicia, como emblema floral del estado. Con estos atributos, veo difícil que consideren a los paisajes donde están presente esta especie como “degradados”. 

Por otro lado, desde un punto de vista técnico, el informe muestra una tirria y una falta de conocimiento notables con relación a disciplinas como la selvicultura o la ordenación de montes. Además de inventarse conceptos nuevos (“aprovechamientos selvícolas”), en el apartado de conclusiones aparece una definición de gestión forestal que conviene resaltar, y que por supuesto emplearé en mis clases por disparatada: “La gestión forestal basada en la productividad, en el crecimiento y en la cantidad sin calidad está destruyendo la diversidad y complejidad que conforman los paisajes de Galicia”. En la bibliografía abundan referencias endógenas, e insistiendo en la idea “OTR” se echan en falta trabajos científicos que desmontan algunos de los dogmas recurrentes sobre los hipotéticos daños que el eucalipto provoca, siendo alguno de ellos bastante reciente y reconocido. Me llama la atención que los autores citan dos veces un artículo de revisión realizado por investigadores de Portugal y España, a mi juicio de gran interés, pero se olvidan de la principal conclusión de mismo relativa a la planificación de estas plantaciones, que encajaría perfectamente en una obra de esta naturaleza. Animo a los autores a reflexionar sobre ello. Llegados a este punto, y por si alguien tiene interés al respecto, en todo el informe no se vincula a los eucaliptales gallegos con ideas y hechos de actualidad como pueden ser la bioeconomía, su aportación al inventario nacional de gases de efecto invernadero, ni se destaca, por supuesto, que existan en la Comunidad miles de hectáreas de eucalipto certificadas, que indicarían un indicador positivo de su gestión, pero, obviamente, ello va en contra del relato prefijado.

En definitiva, y no quiero alargarme más, creo que ha quedado patente el marcado sesgo de esta publicación. Desgraciadamente este tipo de argumentos inexactos, falaces e interesados constituye una ficción que alcanza ya, en mayor o menor medida, a ciertas administraciones, asociaciones orgánicas, y correveidiles varios, ficción manifestada tanto en las acciones como en las omisiones de éstas. Finalmente, y dado el origen que ha dado lugar a esta publicación, sugeriría al Consello de Cultura Galega que promoviese otro informe, en este caso para desmentir (siguiendo, ahora sí, unas pautas “OTR” académicas, claras, y no como las aquí expuestas) todos los argumentos falaces que se están empleando contra este género en Galicia en diferentes ámbitos. Ya les adelanto, por si lo desconocían, que incluso hay tesis doctorales al respecto convenientemente proscritas por alguna administración. Seguro que habrá asociaciones, con igual o mayor representatividad que las proponentes de este informe, que respalden esta propuesta, que considero de justicia, y que conllevaría a favorecer la necesaria imparcialidad de un órgano de estas características. 

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