Incendios excluyentes

La cuantificación de los daños económicos provocados por los incendios forestales constituye uno de los aspectos imprescindibles de un seguimiento completo, actualizado y fiable de los ecosistemas forestales. Ciancio et al. (2007): Valutazione dei danni da incendi boschivi.

Las últimas semanas están siendo catastróficas desde el punto de vista del impacto de los últimos incendios forestales: personas fallecidas, superficie afectada, personas evacuadas y confinadas, etc. Esto ha conllevado a múltiples artículos, entrevistas en medios de comunicación y comentarios de todo tipo y pelaje. Aunque es un tema que me resulta monótono y algo cansino, voy a efectuar unas pequeñas reflexiones al respecto. Como es lógico, debo empezar mostrando mi solidaridad y cercanía con las personas afectadas y mi apoyo a todos los que han participado en las tareas de extinción. Además, aprovecho para subrayar que si alguien espera leer en los próximos párrafos un remedio original, infalible y políticamente correcto que permita atajar el problema de los grandes incendios en España, se equivoca de parte a parte, y puede soslayar el resto de la entrada. En concreto, me voy a centrar sólo en algunos aspectos puntuales, y ya advierto que no me pongo a la bajura de las opiniones que he leído de multitud de oportunistas e inverecundos de todo tipo y pelaje que presentan múltiples teorías no contrastables ni, por supuesto, corroboradas con relación a este problema. 

En esta línea, uno de los hechos que más me ha llamado la atención es el poder de atracción que poseen los incendios forestales para desarrollar comentarios, tesis, sofismas y mentecateces al respecto. No me quiero ni imaginar lo aburrida que debe ser la existencia de algunos cuando no se producen estas desafortunadas catástrofes. Obviamente, ha habido un porcentaje de opiniones y explicaciones acertadas, ilustrativas y de las que uno siempre aprende, incluso aunque no esté de acuerdo con las mismas en un porcentaje elevado. Sin embargo, en otras muchas ocasiones se intenta aprovechar esta realidad incendiaria (valga la redundancia) para intentar llevar el relato a sus fobias e intentar imponer modelos de gestión forestal no testados y, en muchas ocasiones, contraproducentes.  Me recuerdan sobremanera a Manolito el Sentencioso, personaje de la última novela del imprescindible Eduardo Mendoza. 

Su forma de actuar es siempre la misma, y consiste en establecer a priori dos contextos excluyentes, posicionarse en uno y denigrar al otro. Por ejemplo, lo que ellos proponen se incluyen dentro de la “Ciencia”. Los que no opinan como ellos, ya son directamente “negacionistas”. Aprovecho para comentar que todo el que se arroga en sus comentarios la palabra “Ciencia” me produce inicialmente una desconfianza atroz. En esta realidad binaria existen muchos más ejemplos como la xenofobia botánica relacionada con algunas especies forestales (eucaliptos y pinos), sobre los servicios ecosistémicos que deben considerarse (los de provisión no existen) y el valor que se debe otorgar a ciertos sistemas forestales: para algunas cosas es cero y, según convenga, ese valor es infinito. Incluso, para algunos, la gestión forestal debe ser potestad exclusiva de cualquier especialista en ciencias básicas y no de los forestales. Obviamente, para estos listos, listos, pero listísimos, la gestión forestal debe ser monobjetivo (por ejemplo, la conservación de la biodiversidad) y todos los problemas proceden de no cumplir desde tiempos inmemoriales con este supuesto axioma, que choca con los principios básicos de la gestión forestal mundialmente reconocidos. En definitiva, muchos de ellos creen que sus sofismas se deben aceptar por osmósis sin ningún tipo de cuestionamiento.

Cambiando de tema, pasan los años y seguimos a vueltas con una métrica que caracterice de manera rápida el impacto de los incendios forestales. Dejando a un lado el tema de los medios de extinción, un asunto que me aburre bastante es la consideración del número de hectáreas como un indicador verosímil y conveniente. Ya he comentado este hecho en otras entradas, pero voy a utilizar una analogía para ver si se entiende: el número de hectáreas afectadas por un incendio es algo similar a un token, en el sentido que cada API y cada modelo LLM presentan estrategias distintas a la hora de la tokenización y el tamaño del vocabulario. Son siempre palabras o trozos de palabras, pero cada entorno los define de forma distinto. Pues bien, en el ámbito forestal un incendio de 1000ha puede incluir daños en las masas forestales y con una gravedad muy distintas en unos casos que en otros. Se debe recordar que, para simplificar, en esas superficies se incluyen superficies forestales arboladas, no arboladas y no forestales, con lo que el número global no proporciona una cifra precisa para proceder a ciertas comparaciones. Sin ir más lejos, el año pasado ha habido grandes incendios donde un porcentaje mayoritario se ha producido en terrenos no arbolados. Por otro lado, se las compara recurrentemente con campos de fútbol, como si fueran realidades comparables, y se olvida que las personas no suelen estar acostumbradas a realizar comparaciones basándose en esta métrica. En definitiva, utilizar sin más esta métrica ni es entendible para muchos usuarios y puede conllevar que no se alcance una precisión que permita comparaciones fiables.

Si hablamos de indicadores o de estadísticas asociadas a estos sistemas forestales, es preciso reconocer que los hechos son claros: la Administración cumple el objetivo, hay que reconocer que de forma muy diligente, de no facilitar unas estadísticas mínimamente aceptables del sector forestal, sobre todo aquellas que se refieren a aspectos de naturaleza económica, y prefiere anestesiar a la sociedad con indicadores asociados a las superficies afectadas por los incendios forestales. Si cada incendio tuviera un indicador del valor de las pérdidas en €/ha, posiblemente habría otro tipo de reacciones y se facilitarían muchos aspectos relacionados con la gestión forestal. Y cabe recordar que ese dato no está accesible desde el año 2015. Actualizando los datos promedios de ese año, y según lo que aparece en dichas estadísticas el valor promedio hoy en día de las pérdidas asociadas a los incendios en ese año superaría los 647€/ha, cifra sin duda exigua, pero superior al valor cero que se intuye en diversos foros. Resulta imprescindible publicar datos detallados, explicando las metodologías empleadas para valorar cada servicio ecosistémico afectado y, a partir de estas informaciones, realizar estimaciones iniciales y provisionales del impacto económico de cada incendio. Quiero aprovechar la ocasión para señalar que esto de medir las pérdidas ocasionadas por los incendios de forma económica no es algo tan novedoso como algunos puedan pensar ni, por supuesto, una moda pasajera. En la siguiente figura aparecen datos al respecto de las estadísticas de producción de montes públicos en los años 1870-1875.

Por otro lado, supongo que todavía se estarán investigando las causas de los últimos grandes incendios que han afectado a diversas zonas de España, pero las estadísticas dicen que gran parte de los incendios forestales están vinculados a actividades antrópicas. Sin embargo, a veces dichas estadísticas conviene revisarlas con atención. Dado que en la actualidad preocupan sobremanera los llamados grandes incendios forestales, he analizado los 25 mayores incendios (superficie total afectada) de la serie histórica. Pues bien, en 11 de ellos el origen es un rayo (y dos presentan origen desconocido). Ello quiere decir que siempre existe riesgo de que se produzca un gran incendio forestal, por mucho que se intenten mitigar las causas antrópicas que habitualmente están asociadas a los mismos. Y si ese riesgo subyace y se une a condiciones que favorecen su propagación, parece sensato preguntarse qué se puede hacer para manejar el combustible existente en los sistemas forestales, dado que me parece que el peligro asociado a la ignición por causa de rayos no se puede reducir. Y este manejo debe, a mi juicio, cumplir al menos dos premisas iniciales: ser consistente en el tiempo y en el espacio con las condiciones existentes en el momento inicial en cada caso de estudio, y optimizar la oferta de servicios ecosistémicos proporcionados por los sistemas forestales. 

Dicho de otra forma: aunque algunos listos, listos, pero listísimos, sólo ven a estos sistemas como proveedores de un conjunto de servicios ecosistémicos que no son de provisión (considerar a estos últimos sería una especie de anatema para ellos), pero, por mucho que sus deseos vayan en una dirección, habitualmente no resulta posible obtener simultáneamente la máxima biodiversidad, la máxima conectividad ecológica y el menor riesgo de incendios, por poner un ejemplo sencillo. Y como no se puede obtener el punto ideal asociado a todos los servicios ecosistémicos de forma simultánea, habrá que buscar soluciones satisfacientes que sean aceptables tanto para la propiedad como para el resto de la sociedad. Esto sería una forma racional de actuar que obligaría, por ejemplo, a realizar ciertas actuaciones selvícolas en lugares donde ahora no están permitidos. Obviamente, esto choca con la mentalidad de sectarios escolásticos que se atribuyen la potestad de decidir el criterio binario anteriormente descrito lo que hay que hacer de forma indiscriminada en la totalidad de la superficie forestal española. 

Por mucho que esos listos, listos, pero listísimos, aborrezcan abordar la gestión forestal bajo componentes económicas (para ellos es como mancillar la virginidad de unos bosques… nunca primarios), resulta imprescindible su inclusión en el análisis. Los eufemismos del tipo “visión mercantilista de la naturaleza” simplemente esconden el deseo de manejar los sistemas forestales bajo principios que chocan con la historia y la realidad de los mismos (me remito al cuadro arriba mostrado) y que intentan imponer de forma generalizada absurdos como la no gestión. Si se habla, con razón, que la mayor parte de la superficie forestal española está en manos privadas (aunque, curiosamente, el MITERD se empeña con denuedo en que no se conozca con exactitud cuántos propietarios forestales hay, ni cuántos compaginan actividades agrícolas y forestales), a la hora de tomar decisiones para justificar actuaciones en estas superficies de naturaleza privada, es preciso intentar conocer previamente el valor de la oferta de los diferentes servicios ecosistémicos asociados. Traigo esto a colación porque he leído barbaridades como que hay que expropiar los terrenos forestales que, según ellos, no hayan invertido en actuaciones que reduzcan el combustible. Sin entrar en tecnicismos relativos a una expropiación en España, lo que no puede ocurrir es que la sociedad “okupe” a coste cero unos servicios ecosistémicos y, encima, pretenda que la propiedad gaste más dinero en actividades como las que acabo de comentar. Está claro que muchos citadinos neocolonialistas no admiten que la propiedad de cualquier espacio forestal pueda ser privada, pero lo que deben saber estas mentes obtusas que si se produce una ocupación por parte de la sociedad de ciertos servicios ecosistémicos a coste cero, ello, además de ser un atentado contra la propiedad, conducen irremediablemente a una disminución en la oferta de estos. Y tienen un ejemplo clarísimo en lo que está pasando en España con relación a las viviendas de alquiler, aunque sus anteojos políticos no les permitan ver la realidad. 

1 comentario en “Incendios excluyentes”

  1. Muchas gracias Luis.
    Dentro del desánimo, la tristeza y la enorme preocupación del propietario forestal, da cierta esperanza leer tus escritos.
    El otro día escuché y me pareció muy esclarecedor que la inversión en prevención es “ hacer algo para procurar que NO pase nada “
    Y en parte esa es la cuestión..
    Las imágenes de aviones, rescates, fuego, viento y como se lucha contra eso , vende mucho más que el trabajo de cuadrillas en invierno abriendo zanjas, arreglando caminos , cortando pinos ..eso no se ve nunca y no interesa nada .
    Y también como dices siempre, hasta que no se pongan números al capital natural y se valoren todos los servicios ecosistémicos no creo se entienda la magnitud del desastre.
    Eso si, cuando se quiere presumir de cifras, espacios protegidos, hábitats y especies entonces si cuentan con todo el territorio el público y el privado.

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