“… the effective utilization of wood residues and wood waste is critical for mitigating climate change and promoting resource circulation toward a sustainable society”. Kayo et al., 2025
Resulta habitual escuchar propuestas, eslóganes o simplemente titulares que mencionan algo que muchas veces no se explica bien: la bioeconomía forestal circular. Partiendo de la base que, hasta un cierto nivel, en muchas ocasiones sería redundante hablar de bioeconomía forestal y circularidad, y que igual en otras muchas ocasiones sería más preciso hablar de bioeconomía de la madera en vez de forestal, si es que nos centramos en los ciclos técnicos más que en los biológicos, la impresión que tengo es que haría falta un impulso a la hora de definir, cuantificar y establecer metas con relación a estos productos, además de, idealmente, intentar vincular dichas metas con estrategias donde se inserte la gestión forestal. En primer lugar, y desde un punto de vista de la economía circular, habría que definir con precisión qué abarcaría el término “madera reciclada”. Si uno consulta algunos de los múltiples manuales que existen al respecto, se encuentra con una especie de carrera para ver quién define más “Rs” que encajan dentro de la idea de economía circular. Si tradicionalmente se hablaba de reciclar, reutilizar, recuperar, reducir, restaurar, rehabilitar, reparar, etc., ahora, además, se habla de re-diseñar, replantearse (“rethink”), reacondicionar y otros que no tienen una traducción tan directa al español (“refuse”). Pues bien, la obtención de otros productos, funcionalidades, usos, etc. de la madera a partir de madera ya existente encajaría dentro de los verbos arriba enunciados, y se echa en falta una taxonomía al respecto que integre los productos de la madera dentro de este nuevo lenguaje de la economía circular.

Sin embargo, atendiendo a las estadísticas oficiales y a las diferentes estrategias de economía circular (niveles autonómico, nacional y europeo), no toda la madera que uno podría pensar que encajaría en el adjetivo “reciclada” se está computando o presenta metas que cumplir a corto o medio plazo. Por ejemplo, a nivel europeo se presta mucha atención a la madera reciclada asociada al embalaje (por ejemplo, palés), mientras que en España el MITECO, en sus interesantes balances anuales de la madera de rollo en España, suele cuantificar las toneladas equivalentes de madera reciclada que se integran en la fabricación de tableros. Por otro lado, también se incentiva a que toda la madera utilizada en el sector de la construcción sea separada convenientemente y otro gran grupo receptor de residuos con madera serían los puntos limpios donde se depositan muebles voluminosos. También parece que los residuos de madera depositados en dichos puntos limpios deberían ser reciclados y no destinados a un vertedero o a su incineración. En definitiva, todo “subproducto” de la cadena de madera que pudiera ser reutilizado para otros fines y donde se evite que se incinere o que se deposite de forma inadecuada podría ser susceptible de integrarse en este gran y heterogéneo conjunto que se llama madera reciclada.
Con la amplia oferta existente en la actualidad en cuanto a productos cuya materia prima fundamental es la madera, parecería que las diferentes Estrategias de Economía Circular debieran ser muy prolijas a la hora de abordar cómo mejorar la circularidad en estos bienes. Sin embargo, hasta ahora los esfuerzos normativos para aumentar la circularidad de estos productos se han centrado en muy pocos frentes. Por ejemplo, la Estrategia Española de Economía Circular, siguiendo la pauta del Reglamento Europeo sobre envases y residuos de envases fija metas concretas sólo para los envases de madera, pretendiéndose alcanzar en el año 2030 un nivel de aspiración cifrado en el 30% (al menos el 30% de los envases deberían reciclarse en esa fecha). Salvo error u omisión por mi parte, para el resto de productos derivados de la madera no existen metas concretas, con lo que existe un amplio margen de mejora al respecto. Y aquí se incluirían quizá el apartado más ingente en cuanto a volumen (la madera reciclada utilizada en la fabricación de tableros) y el reciclaje de residuos de construcción (que deben separarse en origen y deberían cumplir la meta de que, a largo plazo, el 70% de esos residuos se reciclen o reutilicen) y de la madera procedente de muebles. Llegados a este punto conviene señalar que el entorno legal al respecto es amplio (y aquí se incluirían normas técnicas), con lo que para integrarse en alguna de las “Rs” anteriormente mencionadas habrá que cumplir una serie de condiciones específicas (p. ej., reutilizar vigas de madera antiguas para otros fines).
Lo hasta ahora señalado muestra cómo, a diferencia de otros materiales, los esfuerzos para aumentar la circularidad de los productos de la madera se centran más desde el lado de la industria (envases, tableros) que desde el lado del consumidor. Como es lógico pensar, cualquier industria si se integra verticalmente hacia arriba puede aumentar su circularidad y, en algún caso concreto, si se integra más hacia abajo (consumidor) también pudiera implementar acciones incluidas en las famosas “Rs” que ayude a incrementar su circularidad. Aquí también entraría el famoso principio de cascada, que, a mi juicio, recibe muchos eslóganes y pocos resultados cuantificables. Por otro lado, replicando lo que se hace en otros países europeos, en España existe un notable margen de mejora para optimizar la recogida selectiva de madera en puntos limpios u otros centros especializados.
Abordando toda la cadena de valor de la madera y parte de la del mueble, es fácil llegar a la conclusión que es complicado disponer de estadísticas precisas y homogéneas sobre diversos productos y su potencial reciclaje, reutilización, etc. Esto se agrava porque, al comparar distintas fuentes, las unidades son distintas (m3, t, m2, etc.), lo que dificulta una mínima homogeneización y comparación. Con el fin de dar una idea de la evolución de la madera reciclada en España sin colapsar al lector con múltiples gráficos y unidades, en el siguiente gráfico se muestra la evolución de las tasas de reciclaje para tres productos de madera: la incorporada en los procesos de fabricación de tableros, los envases de madera y los residuos de madera que llegan a puntos limpios, obtenidos cada uno de ellos de fuentes estadísticas distintas. La conclusión es que parece que se cumplen los requisitos que se demandan a partir de 2030, pero no se debería contemplar sólo desde una perspectiva triunfalista.

En efecto, si se resumen algunas de las ideas aquí planteadas como la falta de una taxonomía adecuada de los productos derivados de la madera desde el punto de vista de la economía circular, la falta de estadísticas homogéneas para muchos productos, la ausencia de metas vinculadas a una mayor circularidad de muchos productos de la madera, la necesidad de hablar de una bioeconomía de la madera en vez de forestal si lo forestal no incluye a la industria del mueble, todo ello lleva a plantearse un plan integral para abordar la circularidad en el conjunto de la cadena de la madera en España, pero desde el punto de vista de la economía circular. Creo que sin este plan, lo que se diga de “bioeconomía circular” relacionado con estos productos igual se queda sólo en un titular vacío. Salvo que se pretenda ese último y triste objetivo, queda mucho trabajo por delante. Por último, y con el fin de poner un ejemplo real de lo que he llamado bioeconomía circular de la madera, aunque irrelevante a nivel agregado, adjunto un link de una empresa gallega que realiza piezas únicas de muebles y carpintería a partir de vigas de eucalipto que han estado muchos años utilizadas en las bateas donde se cultivan los mejillones en las rías gallegas. Por supuesto, este ejemplo está dedicado al amplísimo club de odiadores de esta especie en España. De nada.




2 comentarios en “Madera reciclada en España”
Muchas gracias por su oportuna apreciación. En los trabajos que he tenido que desarrollar en este ámbito, he comprobado que resulta extremadamente complicado conciliar las cifras procedentes de las distintas fuentes, tanto públicas como de asociaciones sectoriales.
Produce cierto vértigo compararnos con países como Francia, donde esta cadena de valor está mucho más desarrollada y existe información profusa y sistematizada, además de un uso considerablemente más extendido del recurso maderero.
Iniciativas como Éco-mobilier —actualmente Ecomaison— son un buen ejemplo, entre otros muchos, del grado de organización y desarrollo alcanzado.
Le agradezco mucho el comentario, y debo decir que suscribo todo lo que dice. En concreto, he estado a punto de singularizar el caso de Ecomaison en Francia. Con relación a los datos, como es habitual en el mundo forestal, la información suele ser parcial, incompleta, confusa y muy alejada de lo que debería ser un corpus mínimo de estadísticas forestales. Gracias y un cordial saludo.