Distopía forestal

Yo destruí su distopía y devasté sus sueños más oscuros y secretos. James Ellroy: Ola de crímenes

Año 2051: Elon, hijo de un afamado propietario de tierras rurales se apresta a evaluar la situación de una plantación que ha heredado de su madre y que suponían 10 ha de una fagácea. 30 años antes su familia había llegado a un acuerdo con una empresa eléctrica para venderles los créditos asociados a la captura de carbono que ha realizado dicha finca, según el procedimiento por entonces vigente. Así, habiendo transcurrido este lapso, procede a ingresar, aproximadamente, el 70% del valor calculado inicialmente de esos créditos. Además, con el fin de decidir el rumbo de la gestión de esta finca, este propietario ha decidido contactar con una prima suya, Évora, brillante egresada de una reputada Escuela Forestal que le ha puesto al día de una serie de aspectos que le han resultado muy sorprendentes.

Cuando le planteó la idea que había madurado: seguir cuidando esa plantación para que sus herederos reciban, al igual que él en este momento, una determinada cantidad de dinero y, además, mantengan el vínculo con la tierra de sus antepasados, ella comenzó a desglosar una serie de problemas. Así, él pretendía ampliar el acuerdo para prorrogar la venta de créditos asociados a la captura de carbono. Sin embargo, su prima le comentó que, en la actualidad, ninguna empresa le pagaría esa cantidad. Atónito ante esta respuesta, le preguntó los motivos sobre esta situación. Muy fácil, adujo Évora: los propietarios pensaban que tenían un monopolio sobre un intangible (la captura de carbono) y se olvidaron, como ha pasado otras veces en la historia de la profesión forestal en España, que en el mercado han aparecido otras alternativas tecnológicas que, junto con los esfuerzos a que han visto obligadas a realizar las empresas en términos de reducir sus emisiones, han hundido este mercado.

La verdad, prima, es que me dejas de piedra. ¿Y cómo ha sucedido esto? Te lo pregunto porque me parece inexplicable. Después de meditar durante unos segundos, Évora lanzó un pequeño exabrupto: ¡la marginación sufrida y la puñetera innovación! Torciendo el rictus, le dijo sin miramientos: Mira, Elon: durante muchos lustros los sistemas forestales en los países de nuestro entorno han estado, si nos centramos en términos de carbono, injustamente tratados y despreciados. Ante esta situación, y mientras tú puedes pensar que se habrán rebelado, la verdad es que ha ocurrido todo lo contrario. Fíjate que el punto de partida de la contabilización del carbono ha sido, durante muchos años, una falacia unánimemente admitida bajo una pátina científica: la hipótesis de la oxidación instantánea. Según esta sorprendente falsedad, durante los primeros lustros de aplicación de esa reliquia llamada Protocolo de Kyoto, cuando se cortaba un árbol, se asumía que todo el carbono se re-emitía automáticamente a la atmósfera. Es decir, que misteriosamente los muebles que se fabricaban con las maderas procedentes de esas plantaciones… ¡no contenían carbono! Además, cuando, transcurridos unos años, la situación se recondujo, se estaba hablando continuamente en todos los foros de la época de titulares como “bioeconomía forestal”, “bioeconomía circular”. Paralelamente se estaba produciendo un boom relacionado con la construcción de madera. Con motivo de la necesidad de madera de ciertas dimensiones, y de productos derivados de la misma que eran demandados por estas nuevas necesidades, se produjo un aumento en esta demanda. Todo ello, sin duda, eran buenas noticias. Sin embargo, el sector forestal también aceptó otra premisa acientífica: asumió sin rechistar la idea según la cual en la madera de sierra (por ejemplo, madera de grandes dimensiones), el carbono que se computa sólo lo hace durante 35 años. Fíjate, Elon, que es como admitir que alrededor de la mitad del carbono capturado en la estructura de un edificio de madera de seis pisos… desparece a esa edad. Como puedes ver, algo totalmente irreal pero, por desgracia, admitido, y sin rechistar.

Paralelamente a todo esto, y mientras muchos popes forestales de la época bendecían esta situación, pensando que tanto el carbono como la madera para construcción iban a sacar al sector de su tradicional bucle melancólico, resulta que no tuvieron en cuenta un factor de producción básico en cualquier análisis económico que se precie: la innovación. Así, estos compañeros se creían que la ventaja estructural de la madera frente al hormigón y acero era perenne, y se olvidaron de que rápidamente comenzaron a llegar al mercado productos con una mucho menor carga de carbono que el hormigón y el acero tradicional y que presentaban otros atributos constructivos más favorables que la madera en ciertas situaciones. Es decir, se olvidaron de que el ciclo de vida de la madera de construcción era mucho más largo que los de cualquiera de sus competidores, y no concebían que muchas empresas de diferentes sectores estaban desarrollando productos que competían directamente con la madera. Aunque, obviamente, ésta presenta propiedades inimitables, en aquella época desde el punto de vista empresarial en muchas ocasiones sólo eran requeridas para cubrir ciertas normativas ambientales. Es decir, presentaban un interés meramente utilitario.

Con relación al carbono, pues cuarto y mitad de lo mismo: se pensaban que las por entonces llamadas “nature-based solutions” implicaban una cierta posición dominante en los mercados voluntarios de derechos de emisión, o en aquellos mercados más regulados que se fueron desarrollando en distintos países. En España por entonces se implantaron normas, basadas en la cultura de la cancelación imperante, según las cuales en algunas CC.AA. se prohibía realizar plantaciones con mirtáceas, cuando eran las especies que más carbono fijaban. Por otro lado, después de más de una década sufriendo un pseudomercado de créditos de carbono, se decidió apostar por algo más homologable a nivel internacional. Sin embargo, el rápido auge de productos sustitutivos comenzó por hundir a estos mercados. En concreto, la tecnología de captura directa de carbono (DAC), auspiciada ya desde el principio por el recurrente IPCC, parecía inicialmente una apuesta perdedora, pero la continua innovación y el consiguiente abaratamiento de los procesos de producción han logrado un producto mucho más estándar, más fácilmente verificable y que compite con gran solvencia con las citadas “nature based solutions”. Fíjate que ya en el año 2024 ya aparecían artículos en la revista Nature donde se hablaba de un «acero verde» asociado a un proceso con residuos procedentes de la fabricación de aluminio y energía basada en el hidrógeno verde.

Jo, prima. Me dejas totalmente descuadrado con estas explicaciones. Y yo que pensaba que atesoraba un activo con unas propiedades ambientales muy reconocidas por la sociedad, y veo que no es así. Entonces, ¿qué opciones me aconsejas? Después de tomar un trago de su aquifoliácea favorita, Évora le espetó: vamos a ver, Elon. Si nos fijamos en el carbono, al cobrar ya lo requerido en el contrato inicial, no puedes seguir con esa línea. Podrías apostar por la versión actual de lo que anteriormente se conocía como “improved forest management”. Es decir, actuaciones que, a la larga, supongan una mejora del carbono a medio-largo plazo. Debes saber que vas a tener que asumir un coste para hacer forestación de refuerzo en algunas zonas donde ha habido marras y no creo que, al final la rentabilidad, sea muy grande. Por otro lado, desde el punto de vista de la madera, la selvicultura no realizada en esos 30 años ha empequeñecido la hipotética rentabilidad de esta inversión. Además, ahora mismo las restricciones legales vigentes no van a augurar unos rendimientos apreciables. En definitiva, el camino que veo, si quieres que tus descendientes se sientan orgullosos de su estirpe, es que llegues a un acuerdo para incluir toda la plantación actual en un sistema de créditos de conservación de la biodiversidad y que te paguen una cantidad más o menos simbólica al año, pero donde tus posibilidades de realizar una gestión son mínimas.

¿Me estás diciendo que me están expropiando el terreno? No, hombre no, seas tan acartonado. Lo que te estoy diciendo es que legalmente siempre seguirá siendo tuyo, pero la Administración, al igual que ocurre desde hace más de treinta años, no te dejará desarrollar muchas opciones que antes estaban permitidas. Eso sí, piensa que ese intervencionismo radical y patético, dicen que es por tu bien, el de tu familia, el de tus nietos y hasta de tus mascotas.

Elon se marcha de la reunión deprimido. Sólo piensa en deshacerse de ese predio, que ahora sólo ve como un lastre.

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