Percepciones sobre la realidad forestal

Un aspecto deseable a la hora de diseñar políticas, medidas o actuaciones duraderas en el ámbito forestal sería conocer la percepción de lo que significan los sistemas forestales para la sociedad. Esta entrada, tan escueta, admite matices y consideraciones desde varios puntos de vista, pero parece sensato, al menos, reconocer que captar las preferencias de la sociedad ante, por ejemplo, los distintos servicios ecosistémicos asociados, podría ser de mucha utilidad a la hora de diseñar planes relacionados con la mitad del territorio español. En esta línea, hace pocas fechas ha aparecido un avance, a modo de resumen y con un anexo con datos, del último eurobarómetro sobre la asobre la agricultura y la PAC. Para el caso español, se ha encuestado a 1049 personas, después de la primera ola del COVID, y algunas de estas preguntas tienen relación con los sistemas forestales. A falta de disponer del documento completo, a continuación, se comentan algunos resultados. 

Una de las respuestas más sorprendentes tiene que ver con la pregunta sobre si (comparado con diez años atrás) la superficie forestal se ha incrementado, ha decrecido o se ha mantenido igual. Pues bien, la gente opina mayoritariamente (69%) que ha decrecido. Sólo un 9% tiene conciencia de la realidad, es decir, que ha aumentado a lo largo de estos años. Aunque los resultados son similares a nivel UE, a mi modo de ver muestra una peligrosa debilidad: el ciudadano de a pie cree que diferentes daños bióticos y abióticos y los distintos aprovechamientos están reduciendo la superficie ocupada por bosques en España. Asumiendo como cierto este resultado, si tenemos presente el esfuerzo económico que se dedica, por ejemplo, al Inventario Forestal Nacional, o a los distintos presupuestos relacionados con la prevención y extinción de incendios forestales, la conclusión que se deriva es que habría que realizar un esfuerzo mayor en divulgar la situación actual de las masas forestales y su evolución en los últimos años.

Por otro lado, se les ha presentado a los encuestados una lista con 7 beneficios que proporcionan los bosques para que señalen los 4 más importantes. Los más valorados, con diferencia, serían los que se refieren a aspectos de conservación de la biodiversidad (79%) y la captura de carbono y el cambio climático (74%). Curiosamente, los dos menos valorados son los que tienen que ver con la madera, bien sea orientada a la bioenergía (9%) o para fabricar muebles, papel, etc. (8%). Además, su variación con relación al último eurobarómetro realizado hace casi 5 años es de una reducción muy notable. En resumen, se demuestra la exigua valoración que la ciudadanía otorga a ciertos servicios ecosistémicos de provisión frente a otros de regulación, culturales, o de soporte. Personalmente no me sorprende que este resultado en relación con la madera, pero no estaría de más saber el grado de conocimiento por parte de los encuestados sobre la cadena de la madera y los productos que de ella se obtienen. Volviendo al beneficio más valorado, uno puede pensar que esa alta valoración pudiera estar motivada por una percepción que muchos sistemas forestales europeos no reúnen las características para preservar la biodiversidad existente. Sin embargo, parece que esta circunstancia no se produce si se atiende al último eurobarómetro asociado con el medio ambiente (diciembre 2019). En dicha encuesta aparece una pregunta (también con 7 opciones) sobre problemas medioambientales, y el problema asociado a la reducción (o extinción) de especies y hábitats se encuentra en penúltimo lugar (sólo por encima de la contaminación acústica). Es decir, se podría interpretar que se valora de forma destacada el servicio asociado con la conservación de la biodiversidad, pero la pérdida de biodiversidad no parece ser uno de los problemas ambientales más importantes.

Además de lo arriba comentado, conviene hacer hincapié en una elevada volatilidad de los resultados, si comparamos las dos últimas encuestas en el tiempo. Esta situación resulta preocupante a la hora de extraer conclusiones debido a las características endógenas de los sistemas forestales, comparado con otros sectores, como son sus dilatadísimos lapsos temporales. Esto presenta una importancia notable porque resulta imposible en muchas ocasiones acometer potenciales transformaciones, supuestamente requeridas en la gestión la mayoría de los sistemas forestales, ante cambios tan rápidos en las preferencias de los ciudadanos y, por ende, de distintos stakeholders (comparados con, por ejemplo, los turnos de la mayoría de las especies arbóreas). Esta circunstancia añade una complicación más a la gestión forestal, pero no por ello debe obviarse. Ya decía en los años 70 del siglo pasado Marion Clawson (economista americano y autor de libros tan emblemáticos como “Forests for Whom and for What”) que la política forestal debe llevar emparejada una aceptación social, a pesar de las dificultades que conlleva su medición, y sabiendo que lo que es aceptable hoy en día puede ser rechazado en un futuro muy próximo. 

Dado que tampoco existe un procedimiento similar a nivel de la UE (salvo error u omisión, la última encuesta específica sobre el ámbito forestal ha sido en 2009), quizá sería el momento de plantearse, a nivel nacional, unas encuestas más amplias, con una periodicidad fija y que intenten extraer percepciones que puedan ser de utilidad para los gestores, a todos los niveles. Creo que, si se pretende que este sea un sector estratégico, el paso resulta obligado. A título de ejemplo, conviene puntualizar que no se estaría proponiendo algo inédito, ya que, en países como el Reino Unido este tipo de encuestas se realizan de forma periódica.

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