Servicios ecosistémicos y sistemas forestales

El concepto de servicios ecosistémicos (“ecosystem services”) se ha convertido en los últimos años en una expresión utilizada en muchos ámbitos. En efecto, aunque esta idea se había definido ya en la década de los 60, desde su popularización a partir de la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, en el año 2005, se ha asociado a los beneficios (bienes y servicios según el lenguaje económico) que la población puede obtener de los distintos ecosistemas. Es decir, los servicios ecosistémicos están íntimamente relacionado con el bienestar de las personas. Una clasificación inicial divide a estos servicios en cuatro categorías: servicios de provisión, de regulación, culturales y de soporte, aunque esta última categoría se ha eliminado en algunas clasificaciones más recientes.

Si analizamos los servicios ecosistémicos en los sistemas forestales conviene recordar que en la ciencia forestal esta noción se amoldaba dentro de la idea del uso múltiple o de la multifuncionalidad de los sistemas forestales, vigente desde hace muchas décadas en la literatura forestal. Es decir, conviene insistir que la gestión forestal no ha estado centrada exclusivamente, tal y como piensan muchos, en la producción de madera. Eso es así por una razón evidente y nítida: es inevitable en cualquier proceso de manejo forestal encontrarse con múltiples objetivos. La gestión que se llevaba a cabo, en cada momento y circunstancia, decidía la importancia que se le otorgaba a cada uno de esos objetivos. 

El principal motivo de esta entrada es alertar sobre un uso continuado que excluye a la producción de madera y otros productos forestales cuando se habla de servicios ecosistémicos (para los más escépticos, se debe enfatizar que la producción de madera sí que es un servicio ecosistémico de provisión). Esta exclusión se realiza de varias formas. Una de ellas consiste en equipararlo al resto de servicios. Por ejemplo, es frecuente leer “los productos forestales y los servicios ecosistémicos”… cuando, como se acaba de comentar, los productos forestales son también servicios ecosistémicos de provisión. Otra forma de exclusión, frecuente en la política ambiental actual en España, es citar un conjunto ingente de servicios ecosistémicos, pero disfrazar los productos forestales en categorías como las de este ejemplo real: alimentos, energía, materiales diversos y recursos medicinales. Es decir que la madera, el corcho o la resina son ahora “materiales diversos”, utilizando así este eufemismo para lanzar el mensaje que cortar madera en un monte no se puede equiparar a otros servicios ecosistémicos.  Sin embargo, este castizo dislate no se repite en otras instancias. Así, por ejemplo, la UE en documentos recientes relativos a la estrategia forestal que se espera en los próximos años incluye a la producción de madera como otro servicio ecosistémico más, y en ningún momento se habla de excluirla en el análisis.

Una vez expuestos estos errores comunes conviene recordar la idea anteriormente expuesta de que los servicios ecosistémicos están ligados al bienestar de las personas. En esa línea, habría que conocer ese bienestar. O, dicho de otra forma, tendría sentido preguntar la opinión sobre la importancia de cada servicio ecosistémico en los sistemas forestales a la gente que vive en el medio rural. Sin embargo, ello no se contempla porque se destila de muchas decisiones políticas que ese medio, el rural, debe amoldarse a lo que se diga desde esferas urbanas. Ya se sabe que, para algunos, la gente del campo manda mucho y es mejor no tenerla en consideración. Este neocolonialismo en lo rural implica que la importancia que presentan los servicios ecosistémicos es la que exclusivamente se otorga desde las ciudades. En esta línea, la producción de madera parece que está mal vista y simplemente mentarla puede “contaminar” a otros servicios. En la situación que estamos, resulta perentorio, por un número de razones que se eleva día a día, fomentar las rentas en el medio rural. Por ello, excluir, no fomentar, impedir o no favorecer la producción de madera va contra el sentido común y contra lo que se está haciendo en otros muchos países. Esta deriva sólo se justificaría por rancios, extremadamente rancios, planteamientos ideológicos. 

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