“Un millón de especies de plantas y animales están en peligro de extinción”: 2019 IPBES Global Assessment
Voy a referirme a un tema que me ha llamado la atención en las últimas semanas, y sobre el que mis conocimientos son limitados. En concreto, he observado cómo las noticias sobre especies en peligro de extinción o ya extinguidas parece que han aumentado, mostrando aspectos que a priori pudieran causar sopresa, como una cierta globalización de estos procesos. Una de ellas se refiere a una especie de guacamayos (Cyanopsitta spixii), guacamayo de Spix, conocida en Brasil como “ararinha azul”, y declarada extinta en la naturaleza hace pocas décadas. Esta especie, originaria de un bioma no amazónico (la caatinga) a veces se confunde con el “arará azul”, guacamayo jacinto o guacamayo azul (Anodorhynchus hyacinthinus), como se puede apreciar en alguna película de animación (“Río” y secuelas). La noticia aparece por las críticas que se ha llevado el presidente de India al visitar un enorme centro de recuperación de animales amenazados que se ha inaugurado en su país y donde se hallan 26 ejemplares de este guacamayo que han crecido en cautividad (se adjunta foto) y adscritos a un programa que se estaba desarrollando en Alemania con la idea de reintroducirlo en su reducido, frágil y delicado hábitat. La polémica ha saltado porque las instituciones de Brasil han reclamado que esos ejemplares vuelvan al país con el fin de continuar un lento proceso de reintroducción que está en marcha y, desde luego, no han autorizado ese trasvase de ejemplares de Alemania a la India. Hay que decir que ese centro de recuperación gigantesco (más de 10.000 animales salvajes de 330 especies diferentes) es una especie de obra filantrópica de la familia más rica de ese país. Desconozco los términos de la transacción, pero lo que parece evidente es que se ha convertido en un asunto que excede al país de origen de la fauna amenazada.

Siguiendo con esta constante globalizadora, otra noticia que ha aparecido hace pocas semanas es que en el Reino Unido ya existen ejemplares del llamado pino de Wollemi (Wollemia nobilis) que han comenzado a dar frutos. Para esta especie única, una suerte de fósil descubierto en el año 1994 cerca de Sidney, parece que su recuperación se ha orientado no sólo bajo la óptica de conservación, sino que ya existen ejemplares en jardines de varios países e incluso se pueden adquirir online. Aunque se llame pino, pertenece a la familia de las Araucariaceae, y se sigue manteniendo como una especie con un status crítico de conservación en su hábitat natural, pero al menos esta opción de los parques y jardines urbanos parece que ayuda a diseminar la especie. Aprovecho para incluir una foto que saqué a un ejemplar de esta especie en el Jardín Botánico de Brisbane en el año 2005. Se aprecia lo protegido que estaba en ese momento.

Cambiando de perspectiva, también en las últimas semanas han aparecido noticias sobre supuestas prácticas de desextinguir (“de-extinction”, en inglés) algunas especies, en concreto una especie de lobo. La idea se basa en avances en la biotecnología, como utilizar el ADN de especímenes fósiles para recuperar especies, por ejemplo mediante la implantación de embriones de ADN congelado o reconstruido de animales extintos en huéspedes vivos. Sobre esta práctica existe polémica, porque, y creo que con razón, se dice que este experimento al final produce un híbrido entre la especie donante y la que se quiere recuperar. Igual por otros medios (clonación) se podría intentar pero, con independencia de este hecho, lo cierto es que hay empresas que hablan de desextinguir otras especies como el dodó, o incluso hasta mamuts. Algunos autores sostienen que si los humanos han causado directa o indirectamente la extinción de una especie por depredación o por la destrucción de su hábitat, igual tienen la obligación moral de revivir especies. Aquí ya entran en el debate cuestiones éticas e incluso la propia definición de lo que es la extinción, en los cuales no pretendo introducirme. En esta polémica, los esfuerzos para desextinguir el bucardo (Capra pyrenaica pirenaica) han provocado que algunos científicos asumen como éxito que haya nacido un ejemplar que haya vivido sólo unos minutos. Por otro lado, lo que sí parece es que si existen empresas en pos de alcanzar estos objetivos se asume que existe una cierta demanda, y porque consideran que el valor económico que acarrea este proceso supera los costes iniciales, pudiendo dar lugar a nuevos programas de investigación y, sin duda, a avances científicos de carácter más transversal.
Ya que menciono avances científicos, y dejando a un lado la desextinción, recomiendo un artículo del año pasado donde establecen modelos económicos para medir el riesgo de extinción, y para modelizar si ese riesgo se puede incrementar en el tiempo, primero con dos especies (bisonte americano y tiburones), y después otro más general. Según los autores el avance tecnológico personificado en la profundización del comercio global ha ayudado a incrementar el riesgo de extinción en ambos casos, pero se conjugan factores tanto por la demanda como por la oferta, además de riesgos naturales (sin la presencia humana). Pero, sin duda lo que más me ha llamado la atención es la crítica que realizan a fuentes de datos muy habitualmente utilizadas (Living Planet Index; IUCN Red List; CITES), tanto por su construcción como por los resultados divergentes que han recopilado sobre los tiburones: al parecer CITES muestra una cobertura muy deficiente a la hora de clasificar muchas especies de tiburones, lo que aumenta su riesgo de extinción. Por ello, después de afirmar que no se puede salvar lo que no se puede contabilizar, una de las principales sugerencias es conseguir censos fiables de biodiversidad a nivel mundial, con muestreos sistemáticos cada cinco años. Por último, los autores inciden en una dicotomía asociada frecuentemente a especies en peligro de extinción: el peso que pueden tener los valores de uso frente a los valores de no uso (por ejemplo, valor de existencia) y quién toma las decisiones para priorizar unos u otros. Me atrevería a añadir que la educación en temas ambientales también es sumamente importante, así como intentar replicar algunos casos de éxito que se conocen, y, con toda la prudencia del mundo, creo que en España tenemos alguno loable, como el lince o el buitre negro.



