Estándares para la certificación de proyectos de restauración… insostenibles

Los primeros de nuestros héroes son aquellos que miden y hacen cumplir las medidas de los estándares de calidad”. G. Akerlof y R.J. Schiller (2016): La Economía de la Manipulación

Voy a referirme a en esta entrada a unos estándares, creo que recientemente difundidos, para la certificación de proyectos de restauración de ecosistemas forestales en España (v. 4.0). Y, si lo hago, es porque me ha llamado la atención algunos aspectos y omisiones que me he encontrado en dicho documento. No por otra razón espuria o, por si alguien lo piensa, animadversión hacia el grupo de trabajo responsable de los mismos. Lo señalo, en primer lugar, porque algunos de los profesionales que conozco y que aparecen en el citado grupo de trabajo me merecen un elevado respeto. Y, por supuesto, los comentarios que voy a hacer sobre este documento se refieren sólo a los más cercanos a mi trayectoria profesional. 

Lamentablemente los he tildado de insostenibles porque, en primer lugar, cualquier propuesta que oculta, excluye o confunde ciertos conceptos económicos básicos está excluyendo el calificativo de sostenible. Por mucho que algunos busquen arabescos, elipses, ambigüedades u olvidos intencionados, cualquier proyecto que obvie la componente económica no puede ser sostenible. La redacción del documento en este campo no ayuda, pero comentarios que he tenido con algún integrante del citado grupo me han hecho concluir que los conceptos no están claros. Se habla de inversiones, de eficiencia, de presupuestos, pero no de elementos básicos de cualquier análisis coste-beneficio. Volveré más adelante sobre ello, pero cuando entra en juego las componentes temporal y espacial habitualmente aparecen diferentes alternativas y los criterios económicos se vuelven necesarios para, entre otras razones, reforzar argumentos o, por el contrario, rechazar alternativas. 

Se pudiera pensar que lo que comento sobre la falta de sostenibilidad es incierto porque en el documento se afirma que se encuadran en los objetivos 14 y 15 de los ODS. Dada la ligereza con que se toman estas banderas (estoy cansado de ver cómo hay gente que piensa que por mentar uno o varios ODS su proyecto, sea de la clase que sea, éste ya alcanza cotas insuperables de excelencia), entiendo que, en este caso, el grupo de trabajo lo afirma desde un convencimiento real. Centrándome, por cercanía profesional, en el ODS 15, uno de los criterios que cuelgan de ese objetivo se refiere al progreso en la gestión forestal sostenible. Y de los indicadores que a su vez cuelgan de este criterio aparecen, entre otros, dos: el área forestal con un documento de gestión forestal a largo plazo y la superficie forestal certificada. Luego es fácil de colegir que estos estándares tendrán que apoyarse, si existe en la superficie a restaurar, en el proyecto de ordenación o documento técnico análogo. Pues bien, salvo error u omisión por mi parte, no he encontrado ninguna alusión a esta, a mi juicio, imprescindible concordancia. Es decir, la gestión forestal sostenible no parece que se le otorgue importancia. Esta ausencia se puede interpretar de muchas formas, y voy a obviar cuestiones de competencias profesionales. La pregunta que me hago es si se pretende que cualquier proyecto de restauración esté por encima de un documento vigente de gestión. O por qué existe tanto interés en separar un proyecto de restauración de un proyecto de ordenación de montes, como si fueran galaxias situadas a miles de millones de años luz. Digo esto porque, en numerosas ocasiones, un proyecto de restauración es, a mi juicio, un caso particular de un proyecto de ordenación de montes. ¿O es que, por el contrario, se está asumiendo implícitamente que el estado deseado es siempre el de “no gestión” y, por tanto, alguien colige que no se requiere de este tipo de planificaciones?  

Y ya que hablo de gestión forestal sostenible, el punto de partida para que esta gestión lo sea es que el propietario del monte esté de acuerdo y convencido con lo que se pretende realizar en las próximas décadas. Pues en estos estándares echo muchísimo en falta la figura del propietario forestal. Se habla de gestión participativa, de grupos de interés y otros eufemismos, pero las alusiones a la propiedad son mínimas, mientras que las omisiones son relevantes. De hecho, en la planificación de la restauración se habla de metas y objetivos, sin hablar para nada de la opinión de la propiedad a dichas metas y objetivos. Es decir, son exógenas a la misma. Y ya que he sacado la idea de gestión participativa, empieza a ser una constante de muchos documentos hablar de este tipo de toma de decisiones, pero sin explicitar correctamente cómo se van a agregar las preferencias de los diferentes stakeholders seleccionados. Este es un proceso en el que no hay una solución única ni milagrosa ni inmediata, aunque sí un grupo de técnicas apropiadas como pueden ser las técnicas de decisión en grupo. Este documento es otro ejemplo de la constante anteriormente aludida, porque no he visto que se especificara nada al respecto. 

Otro aspecto que quisiera resaltar es el que tiene que ver con los servicios ecosistémicos. En el documento se habla de aumentar su suministro, introduciendo en algún caso ciertos sesgos al particularizar aspectos de la biodiversidad frente al resto de servicios ecosistémicos, pero lo que más me choca es que se diga que se pretende (en todo este proceso) una ganancia neta de servicios ecosistémicos. Perfecto, ese objetivo es formidable y muy apropiado. Pero, surge una pequeña cuestión. ¿Cómo o quién mide esa ganancia? ¿se van a utilizar herramientas típicas de la valoración de estos servicios ecosistémicos, es decir, métodos de la economía ambiental y de los recursos naturales? ¿O es que disponen de otras metodologías para realizar esta tarea? Si así fuera, estaría muy agradecido si se explicitaran porque el término valoración sólo se emplea para “las singularidades de la zona”. También se habla de priorizar unos servicios ecosistémicos frente a otros, obviamente, sin precisar sobre cómo se realiza dicha prelación. Lógicamente, amplío el ruego anterior. 

El documento también incluye un proceso de definir un conjunto de indicadores para su evaluación, siguiendo metodologías establecidas a nivel supranacional. En concreto, se proponen seis grupos de indicadores, y no se encuentran de naturaleza económica. Incluso se habla de bienestar humano y se desdeña cualquier indicador de naturaleza económica para su medición. También aprovecho para resaltar que no se explica si todos esos supuestos indicadores tienen la misma importancia y, si así no fuera, cómo se establecerían pesos diferentes a cada uno de ellos. En definitiva, toda esta marginación sistemática de la componente económica no parece que sea una casualidad. Llegados a este punto quisiera aclarar que no estoy abogando porque, por ejemplo, a lo largo de este proceso, se consiga obligatoriamente que los servicios ecosistémicos de provisión presentes en el caso de estudio proporcionen un cierto beneficio a la propiedad. El objetivo principal debe ser restaurar un sistema forestal de acuerdo con unos criterios técnicos (especies, densidad, estructura, etc.) y perpetuar una gestión forestal sostenible una vez que finalice el proceso. Todo este recorrido temporal, por cierto, aparece muy difuminado en estos estándares y se echa en falta algo similar al menos a un Plan Especial en un Proyecto de Ordenación con todos los flujos de caja esperados en ese horizonte temporal. Y, sí, aquí vuelven a entrar las consideraciones económicas porque los recursos son escasos (en el documento se da la impresión de que la financiación para cualquier acción relacionada con ese proyecto de restauración está permanentemente asegurada) y seguro que hay que elegir la forma más eficiente de administrar esos recursos, tanto en el tiempo como en el espacio. 

En definitiva, repasando lo que se acaba de comentar, parece que alguien (no se sabe quién) decide qué se va a hacer, selecciona los indicadores le van a servir en su proceso, qué peso se les otorga, qué servicios ecosistémicos son prioritarios y la gestión que se va a producir después de este proceso, sin incluir valor alguno de variables económicas utilizada en cualquier proyecto, con independencia de su naturaleza. Igual peco de ingenuo, pero pensaba que los estándares, debido a su buen hacer, adquieren un estatus de objetividad sobre lo que están midiendo. Después de leer este documento, es posible que tenga que cambiar de idea y convencerme que son un medio para construir una determinada realidad subjetiva, vendida bajo un palio de una inexistente objetividad. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Compartir

Otros post