El eucalipto y la política del no

Lo incorrecto no deja de estar mal porque la mayoría participa en él ”. Leon Tolstoi, Una Confesión. 

Voy a referirme a ciertos aspectos de la política forestal centrada en unas especies bien sexys (Eucalyptus) y en la Comunidad Autónoma donde su extensión superficial es mayor (Galicia). Y, dado que el concepto “política” es polisémico, lo haré desde el punto de vista de evaluar la actividad del gobierno autonómico al respecto, es decir, el contenido de la acción pública y sus consecuencias en el sector forestal. Sería, más o menos, lo que en el mundo anglosajón se denomina “Forest Policy”. Para que quede claro, en esta entrada no se van a tratar aspectos que tienen que ver con otras acepciones (siguiendo con la analogía, lo que se denomina “Forest Politics”), ni tampoco otros temas de actualidad y que están relacionados con estas especies. Y aprovecho para advertir de la extensa longitud de esta entrada, porque he preferido no dividirla en dos.

Con el fin de centrar el tema, aunque sea de forma resumida, se debe hacer referencia a algunos hitos ocurridos en las últimas décadas, comenzando por el Plan Forestal de Galicia de 1992. Siguiendo a ese documento, con datos de 1986 se contabilizaban algo más de 36.000 ha de masas puras de eucaliptos y más de 185.000ha en masas mezcladas (fundamentalmente pinos), para un total de 222.000ha. Y se hablaba de un incremento de 90.000ha con relación al inventario de 1972. Esta superficie plantada se asocia al 25% de las cortas de madera en la región en 1989 (1.670.000m3). Curiosamente, en ese documento se destaca que cada año se exportan a otras CC.AA. 900.000m3 de madera de eucalipto sin transformar. En cuanto a objetivos a alcanzar en el futuro, se realiza una modelización (que yo sepa, no disponible) en donde se fija una meta operativa cifrada en alcanzar unas cortas para esta especie de 5.000.000m3, para una superficie de E. globulus algo superior a las 246.000ha. En concreto, el modelo empleado estima, con estas superficies, una producción anual de eucalipto que supera en más de 300.000m3 la meta establecida. También se afirma textualmente que el destino industrial del eucalipto será cada vez más diversificado.  Por último, conviene recordar y recalcar una expresión que se cita varias veces, y resume la percepción que tenía del monte gallego la sociedad por entonces (son datos de una encuesta que ha servido de input para ese Plan): “abandono y deterioro generalizado”. 

El siguiente hito que me gustaría destacar es la Ley de Montes de Galicia. En ella se subrayan dos herramientas que articulan la planificación forestal de Galicia: el Plan Forestal, con carácter vinculante, y los planes de ordenación de los recursos forestales (PORF), que deberán ser promovidos por la Administración forestal. Además, se destaca a la captura de carbono como un aprovechamiento forestal y se dice que la Xunta podrá articular un sistema de créditos de carbono (como recientemente se ha implantado). Con relación al eucalipto, se prohíben reforestaciones y nuevas plantaciones forestales con el especies de este género en aquellas superficies pobladas por, fundamentalmente, frondosas, además de pino albar y tejo. Además, se exige autorización para nuevas plantaciones superiores a las 5ha. Estas restricciones se suman a otras, como la de no plantar eucalipto en zonas agrícolas. 

El Plan Forestal ha tenido una primera revisión en el año 2021, pero unos meses antes la Xunta de Galicia ha decidido aprobar una moratoria según la cual se prohibían las nuevas plantaciones de eucalipto en un horizonte temporal que finalizaba en diciembre de 2025, argumentando la existencia de un exceso de superficie ocupada por estas plantaciones. Esta moratoria, que aparecía en una disposición transitoria de una Ley de recuperación de tierras agrarias, no es fruto de ningún mandato del Plan Forestal por entonces vigente. Por ello se puede calificar como una medida unilateral propuesta por la Xunta de Galicia, con algunas justificaciones inverosímiles, y que en su momento ha causado cierto revuelo en el sector por la precipitación asociada a los plazos establecidos y por el efecto llamada asociado. En esta revisión del Plan Forestal se hace hincapié en que la superficie del eucalipto no alcance un incremento del 3% al final del primer quinquenio (2025) de la situación inicial (422.200ha), con el fin de lograr una reducción de un 5% en 2040. En él se mantienen y se amplían prohibiciones para lograr esa reducción. Por otro lado, el punto de partida en cuanto a las cortas anuales asciende a 6.000.000m3, con 1 millón de m3 atribuido a E. nitens pero, a diferencia del Plan Forestal original, no hay ninguna meta futura en cuanto a las cortas de eucalipto en los próximos quinquenios. Sólo se habla de 12 millones de m3 como la cifra a alcanzar por todas las especies maderables en 2040. Con todo ello, y antes que se hicieran públicos los datos actuales de la superficie de eucalipto (438.156ha en 2024), la Xunta decidió ampliar otros cinco años la moratoria, pero introduciendo ciertas flexibilidades espaciales que permitirían iniciar nuevas plantaciones en situaciones muy concretas. 

Esta extensa, pero creo que necesaria introducción, permite evaluar con mayor precisión la política forestal de la Xunta con respecto al eucalipto seguida en los últimos lustros, pero, en primer lugar, quisiera introducir dos comentarios genéricos. El primero es que la comparación entre el Plan Forestal y su Primera Revisión no es, a mi juicio, directa, ya que las metodologías se han modificado, y porque parece que no interesa dicha comparación. En concreto, resulta sorprendente la poca discusión y comparación de resultados frente a los objetivos iniciales que se incluye en esta esta Revisión. Da la sensación de que se quisieran olvidar del original, a pesar del título (1ª Revisión). Por otro lado, el punto de partida con respecto a la superficie que debe ser ocupada por estas especies me parece discutible por diversas razones. La primera es que esa cifra ideal de la superficie de eucalipto se ha obtenido en una aproximación “top to down”, no permitiendo que fuera en dirección contraria, como comentaré más adelante. Además, es preciso señalar que, afortunadamente, los inventarios que proporcionan la información no son los mismos en ambos documentos. Con todo ello, el hecho de santificar un número fijo asociado a la superficie de los eucaliptares en un contexto dinámico como corresponde a las plantaciones forestales en Galicia me parece un error y una pérdida de tiempo. Parece mucho más sensato hablar de rangos, tanto en general como para objetivos más concretos, o de otro tipo de indicadores. Para aquellos que sí crean que se deba seguir a rajatabla una cifra (lo más socorrido si se quiere formular críticas evitando entrar a fondo en la realidad) se les debería recordar que obtener datos de la situación actual no resulta sencillo. Calcular la superficie de eucaliptos en Galicia no es como como contar portaviones en una ría (en un día sin niebla) y, con independencia del resultado, existe un margen de error asumible. Si a esto se le añade las dinámicas de cortas, incendios, nuevas plantaciones y el tiempo necesario para obtener esa información, se puede comprender que idealizar una cifra no resulta demasiado operativo. Dicho lo cual, en ningún momento pretendo cuestionar los resultados proporcionados para estas especies por el Inventario Forestal Continuo

Lo primero que cabe decir es que el objetivo que se estableció en el Plan Forestal del año 1992 con respecto a E. globulus se ha cumplido a la perfección, viendo los datos recabados en la 1ª revisión en cuanto a las cortas de madera en el año 2021. Sin embargo, esos aprovechamientos están vinculados, según las estadísticas disponibles, a una superficie mayor de la prevista inicialmente. Este continuo incremento de las plantaciones de eucalipto, en concordancia con el Plan Forestal, ha llegado un momento en que se ha considerado excesivo, y la Xunta ha actuado a través de su política favorita: la de la prohibición, maquillada con el adjetivo “temporal”. Al nivel que se está aplicando esta exclusión, en cuanto a nuevas plantaciones, constituye una rara avis, si la comparamos con ejemplos que pueden existir en otros países, y denota una notable falta de iniciativa y de nuevas propuestas a la hora de afrontar esta situación. Así, transcurriendo más de cuatro años para discurrir y diseñar unas acciones que encarrilen el supuesto exceso de superficie ocupada por estas plantaciones, la solución que se adopta es absolutamente continuista: se continúa con la moratoria con unas pequeñas excepciones relativas a los eucaliptares degradados, superficies de pinares afectadas por la banda marrón y se introducen unos derechos de plantación que no han sido conveniente explicados y que están provocando controversia, e incluso rechazo en propietarios forestales. En definitiva, se ha optado por lo fácil y, siguiendo al Premio Nobel Milton Friedman “nada es tan permanente como un programa temporal del gobierno”.

Por otro lado, es necesario reflejar un hecho, que justifica algunos de los problemas del monte gallego, y que retrata a la propia Xunta: no cumplir lo que legisla. Me voy a referir a un aspecto muy concreto, pero, a mi juicio, de gran importancia: no desarrollar los Planes de Ordenación de Recursos Forestales (PORF). Resulta muy sorprendente que una Ley del año 2012 hable de los PORF como instrumentos de planificación forestal y que deben ser elaborados por la propia Xunta… y 13 años después se siga sin noticias al respecto, y se incluyan en la 1ª revisión del Plan Forestal como medidas a tomar cuando deberían ya estar en vigor. Entre otras funciones, es en este nivel comarcal, y con una verdadera gestión participativa, en donde se debería fijar la superficie de los eucaliptares: dónde puede y dónde no pueden estar estas plantaciones y fijar objetivos concretos sobre el terreno. Si se hacen las cosas bien, la agregación de estas informaciones son las que aportaría la superficie objetivo del eucalipto en Galicia (no la que se ha tomado como punto de partida). Esa cifra sería mucho más sólida, creíble y operativa que la adoptada. 

Analizando la 1ª Revisión del Plan Forestal desde un punto de vista de política forestal, parece muy adecuada la definición de los tres niveles de planificación forestal: Plan Forestal/PORF/Proyecto de Ordenación, pero llama la atención que se utilicen términos imprecisos. Así, la idea de “estratégico” resulta independiente del tamaño del problema, pero aquí se mezcla con el nivel superior. Es muy habitual que la planificación siga una estructura jerárquica, pero la idea de estratégico se refiere a largo plazo, no a gran extensión, y de igual forma lo táctico se vincula a medio plazo, no a extensiones menores que su jerarquía superior. Esta confusión creo que no ha ayudado al eucalipto, en el sentido en que se echa en falta conocer lo que se pretende (cortas, destino, etc.) en el futuro. Se habla de 12 millones de m3 de cortas en el 2040, pero no se sabe que porcentaje corresponde al eucalipto, ni la proporción deseable de especies. Tampoco queda claro si existe algún objetivo de madera de eucalipto que no sea con destino celulosa, a pesar de que el Plan Forestal original se mencionaba la idea de una diversificación de los destinos de la madera de E. globulus, pero ya he comentado que se ha decidido no evaluar las propuestas de dicho Plan. En definitiva, 30 años después, y con una superficie de eucaliptares que se ha duplicado, esta idea ya no se contempla, aun cuando es evidente el escasísimo grado de diversificación presente en la actualidad. Por último, lo que subyace en todo lo arriba expresado es la poca relevancia que se la ha concedido al eucalipto, a pesar de su peso territorial. Resulta inaudito que en la 1ª Revisión del Plan Forestal no exista una previsión futura de la demanda de madera de estas especies, según diferentes productos y escenarios que se estimen oportunos, y, de esa forma articular una oferta que pueda hacer frente a esa demanda. 

En esta Revisión también me resulta sorprendente la insistencia y el ahínco referidos a prohibir la expansión de estas especies y, por otro lado, tanto la poca precisión como la extensión en el documento sobre la gestión que sería deseable en estos cientos de miles de hectáreas. Parece que resulta mucho más importante recolectar una serie de prohibiciones que pueden afectar a unos pocos miles de hectáreas a explicar realmente algún objetivo relacionado con estas especies en el futuro, como acabo de comentar. Y la propia Xunta se jacta que esa es la estrategia futura del eucalipto. Además, se habla de aumentar la productividad, lo cual resulta interesante, pero sin vincularlo a metas operativas concretas con relación a los aprovechamientos. También se introduce un indicador quinquenal que evalúe el cumplimiento de una meta para transformar eucaliptares degradados. Hoy en día, no hay noticias de ese indicador en la web de la Xunta, ni de su financiación, pero el objetivo es que se deberían haber transformado 5.000ha en los últimos cinco años, cifra muy exigua, pero que puede servir de termómetro sobre la gestión de la Xunta para con esta especie en los últimos años. 

Ya que ha salido el tema de la financiación, otro objetivo implícito es que estas plantaciones no dispongan de ayudas públicas para ningún objetivo. En definitiva, parece que para estas especies nos movemos entre realidades que, bien por acción o por omisión, gravitan siempre en torno al “no”. Un ejemplo al respecto tiene que ver con el dato que aparecía en el Plan Forestal de 1992: Galicia exportaba a otras CC.AA. más del 50% de las cortas. Con el incremento que se ha producido en la superficie plantada, la Xunta debería haber apostado sin ambages por incentivar que otra gran industria se instalara en la Comunidad, así como promover que se cierre el ciclo del papel. Por supuesto no se ha tomado ninguna medida al respecto, y esta política nada proactiva ha tenido sus consecuencias: no haber previsto un lugar para la instalación de esa, en su momento, hipotética instalación ha dificultado la consolidación de proyectos industriales recientes, como es bien conocido. 

Y esta idea de negación también se impone cuando hablamos de carbono. A pesar de que la Ley de Montes se destaca la importancia de la fijación de carbono, y en la 1ª Revisión del Plan Forestal se insiste tanto en la multifuncionalidad de los servicios ecosistémicos en el monte gallego (por cierto, utilizando una dispersión conceptual muy desafortunada), como en la comunicación a la sociedad de estos servicios ecosistémicos que prestan las masas forestales, la Xunta nunca ha querido cuantificar cuál es la relevancia anual de este servicio ecosistémico asociado a las plantaciones de eucalipto (y cuyo impacto está recogido en los inventarios de emisiones de gases de efecto invernadero correspondientes). En el caso del eucalipto esta deserción es, si cabe, más asombrosa porque se sabe, siguiendo al MITERD, que estas son las especies presentes en España que más carbono almacenan en su crecimiento. En definitiva, parece que no conviene decir algo relacionado con estas especies que la sociedad pueda interpretar como beneficioso. Siguiendo con el capítulo de negaciones y el carbono, y aunque es un aprovechamiento forestal según la Ley de Montes de Galicia, la Xunta ha decidido que el carbono generado por las plantaciones de eucalipto no se integran en su (hasta ahora) embrión de mercado voluntario: ni como proyectos de A/R (nuevas plantaciones) ni como IFM (gestión forestal mejorada).  Dejando a un lado otras incógnitas de este sistema, si se me permite un símil, excluir los eucaliptares de este mercado es como si tienes un jugadorazo en tu equipo de fútbol y no es que no sólo no lo alinees por cuestiones étnicas o religiosas, sino que incluso te niegas a traspasarlo, ya que tu objetivo es que se cambie de deporte. Y desdeñar este tipo de apuestas conlleva consecuencias más allá de este servicio ecosistémico. Por ejemplo, apoyar proyectos de IFM supondría incrementar la diversidad de la estructura de estas masas, promoviendo turnos mucho más dilatados, con otros marcos de plantación… y que podrían favorecer una oferta de madera con otros destinos. 

Podemos hablar de veto, de negación, de bloqueo, de cerrazón, de intransigencia y muchos más sinónimos, porque parece que para la Xunta el eucalipto era antaño un recurso y ahora sólo es un inconveniente áspero e incómodo, que no sabe cómo manejar. Y, en estas circunstancias, todo es susceptible de empeorar. Hay varios ejemplos de ello. Uno es el hecho que, por acción o por omisión, han conseguido una especie de sálvese quien pueda y se está promoviendo una especie de confrontación entre el pino y el eucalipto. La víctima de esta situación es el propietario que ve cómo no le dejan plantar eucalipto y le dan como una posible opción la plantación de coníferas afectadas por unas enfermedades que por ahora, y por desgracia, no parece que tienen solución. ¿De verdad que la Xunta pretende que los propietarios arriesguen su dinero sin unas mínimas certezas de éxito en la viabilidad de su plantación? ¿Tienen los propietarios la culpa de la falta de previsión de la Xunta para ofrecer alternativas a este problema? Y, como es normal, los propietarios empiezan a reaccionar. Por mucho que aparezcan lobistas y pseudolobistas “tartufos” (es decir, actuando desde el principio con intereses creados) a favor de la moratoria, al final un grupo relevante de propietarios se tienen que unir con urgencia en una Asociación (Asociación Forestal del Interior Lugo) con el fin de aportar propuestas sensatas para mitigar el, a mi juicio, dislate de la moratoria, pero tampoco se les ha tenido en cuenta hasta ahora en sus pertinentes reivindicaciones. Como resumen, parece que en cuatro años y medio no han tenido tiempo (y/o interés) de diseñar un sistema mejor y más consensuado. 

Llegados a este punto, quisiera insistir en que se han desgranado una serie de acciones y omisiones que impactan en unas plantaciones que ocupan más de 430.000 ha en Galicia, y no es una cifra baladí para que sufran tanto desprecio. Como a veces las realidades se ven mejor por comparación con otros contextos, las plantaciones de eucalipto en Galicia ocupan una superficie similar a la de todas las leguminosas de grano en España, o la de los viñedos en Castilla la Mancha. ¿Alguien se imagina una situación similar por parte de la Junta de Castilla la Mancha en dicha región para ese cultivo? ¿Se imaginan que casi todas las medidas se centraran en prohibir cualquier tipo de ayuda a los viñedos frente al resto de cultivos agrícolas? 

Pero como todo lo que está mal es susceptible de empeorar, esta negación o veto se convierte ya en animadversión, o simplemente xenofobia botánica, cuando uno lee decretos como el de ayudas a los incendios de Galicia en el pasado verano y donde se excluye específicamente a las plantaciones de eucaliptos para recibir ayudas para la reposición de explotaciones forestales (obviamente, son las únicas especies excluidas). Los propietarios de eucaliptares asisten atónitos como de sus impuestos sale todo el dinero que haga falta para gastos de extinción (en la línea del famoso “whatever it takes..:” de Mario Draghi en 2012), pero ni un euro para restablecer sus plantaciones dañadas. Con estos antecedentes no resulta descabellado pronosticar que en la recientemente anunciada para este año 2026 “Fundación para el fomento de la investigación forestal en Galicia” se van a obviar aspectos relacionados con estas especies, aunque sí que sería necesario investigar en aspectos que se he citado anteriormente. Ojalá me equivoque y tengan cabida, por ejemplo, investigaciones de tipo económico relacionadas con diferentes servicios ecosistémicos, entre ellos los de provisión. Así, sería interesante realizar diversos estudios sobre los mercados de madera de eucalipto y sus productos derivados. Estos hipotéticos estudios ayudarían, además, a esclarecer una motivación dada por el anterior presidente de la Xunta para justificar la moratoria del eucalipto en 2021: la caída del precio por un exceso de oferta y que, obviamente, ni se ha abordado desde entonces por parte de la Xunta, ni se ha hecho referencia a este supuesto problema en la 1ª Revisión del Plan Forestal, ni nunca más se ha hablado del tema. En fin, los hechos parecen mostrar que el signo de esta especie en Galicia por parte de los políticos se vincula a todo tipo de noes (eso sí, con “sentidiño”), cuando no a ocurrencias para salir del paso, pero sin ninguna política forestal a largo plazo integradora, seria y constructiva. 

6 comentarios en “El eucalipto y la política del no”

  1. Todo pagar impuestos para que o final no se poda plantar nas propiedades nosas o que e mais rentable todo, manipulación o seu antojo dos políticos. que verguenza

    1. Buenos días y gracias por el comentario. En efecto, los derechos de los propietarios cada vez sufren más restricciones. Pero, en este caso y por desgracia, hay más temas que los asociados a lo que se puede o no puede plantar. Un cordial saludo

  2. ANIBAL BUSTELO ALDEAVELLA

    Antes de entrar no propio Debate. me gustaría coñecer si vostede está satisfeito cos Resultados Económicos da superficie forestal que ocupa o Sr. Eucalipto en Galicia despois de 34 anos (1992/2025), porque dentro do Contexto Mundial considero que o Eucalipto destinado a PULPA (Celulosas) carece de futuro para Galicia, de ahí que unha Moratoria definitiva debería de entrar no Debate de Futuros.

    1. Buenas tardes, y gracias por el comentario. Como he afirmado en la entrada, la superficie objetivo del eucalipto en Galicia no se conoce. Pueden ser 300, 400 ó 500.000ha. No es un problema de si estoy satisfecho o no con una superficie dada. Yo estoy insatisfecho con la política que se ha seguido con relación a esta especie. Y una cosa es la superficie, y otra el destino. Llevo comentando desde hace años que se debería incentivar otro tipo de estructuras forestales que no sean masas coetáneas. Mi comentario sobre IFM iba en esa dirección. Un cordial saludo.

  3. Comparto buena parte del diagnóstico del profesor Balteiro. Coincidimos en algo fundamental, el monte no es una realidad natural abstracta, sino un hecho social, construido históricamente a partir de usos, decisiones económicas, relaciones de poder y representaciones culturales. El conflicto forestal gallego no se entiende desde la biología, sino desde la sociología, la economía y la política.

    También comparto su crítica a la simplificación del debate público. Durante décadas se ha impuesto una visión moralizante del monte, en la que determinadas especies o industrias se convierten en símbolos del mal, mientras se ignoran las causas estructurales, el abandono del territorio, la desaparición del sistema agrario tradicional y la ruptura entre el mundo urbano que opina y el rural que gestiona. En ese sentido, su señalamiento del eucalipto y de la industria de la celulosa como ejes simbólicos del conflicto es acertado, no estamos ante un problema técnico, sino ante una construcción cultural que arranca a principios del S XX y emerge con fuerza en los años 70-80 del mismo siglo.

    Donde empiezo a discrepar es en el plano de las consecuencias prácticas. Usted describe con precisión la pluralidad de usos y significados del monte, pero tiende a situarlos en un mismo plano. Mi experiencia en parte del territorio, me lleva a una conclusión distinta, sin una función económica clara, estable y rentable, el resto de funciones del monte ,ambientales, paisajísticas o recreativas, quedan en el aire. No hay multifuncionalidad posible sin renta. El monte abandonado no conserva, se degrada; no ordena el territorio, lo desestructura.

    Algo similar ocurre con el papel del Estado. Es evidente que la intervención pública ha sido y es relevante, pero en Galicia ha derivado con demasiada frecuencia en una sustitución del propietario ( casi mejor digamos usufrutario ) y del gestor real por normas, prohibiciones y discursos pensados desde fuera del territorio. Se regula mucho lo que se puede hacer en el monte, pero se compensa poco al que asume los costes.

    Echo en falta una defensa más clara del papel que el eucalipto ha tenido y sigue teniendo, como motor económico de parte del rural gallego. No como dogma, ni como monocultivo ideológico, sino como herramienta concreta de generación de renta, tal vez también para la fijación de población y con seguridad como articulación industrial del sector. Conozco la posición del Sr Bustelo respecto al «innombrable», que desde luego no comparto en absoluto.

    Para mí, la gestión forestal sostenible empieza por reconocer que el monte debe ser, ante todo, un espacio productivo rentable y bien gestionado. Todo lo demás viene después.
    Saludos cordiales

    1. Muchas gracias, Jaime por el extenso comentario. Creo que coincidimos bastante, aunque el objeto de la entrada no era hablar del aspecto productivo del monte en Galicia ni el peso que debe tener un objetivo de producción frente a otros. El objetivo era analizar la política de la Xunta sobre el eucalipto y no profundizar en el papel del eucalipto, que lo hago en otras entradas. En cuanto al papel del Estado, creo que queda claro lo que comento sobre la Xunta. El Estado no tiene competencias de gestión forestal. Por cierto, discrepo con usted de forma moderada en cuanto a lo del eucalipto y fijación de la población. En los municipios de Galicia donde más se corta tanto eucalipto (Ortigueira) como pino (A Fonsagrada) la despoblación es muy alta desde principios de siglo. Por otro lado, si revisa otras entradas de mi blog, verá repetidamente que hablo que no hay sostenibilidad posible obviando el prisma económico. Un cordial saludo

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