Capital Natural

“la sustituibilidad entre el capital natural y el de las otras formas de riqueza está lejos de ser infinita a largo plazo”: Tomas Picketty, El Capital en el Siglo XXI (2013)

Dentro de los muchos temas candentes que aparecen recurrentemente en muchos artículos, presentaciones, foros, etc. relacionados con los recursos naturales, uno de ellos es el de capital natural, junto con otro indisolublemente asociado como es el de servicio ecosistémico. Como es sabido, la idea de capital natural pretende cuantificar el stock de todos los recursos que la naturaleza provee a lo largo del tiempo, mientras que un servicio ecosistémico sería, siguiendo a Costanza (2020), el vector que, partiendo de dicho capital natural y mediante la interacción con otras formas de capital, proporciona bienestar al ser humano. Pretendo realizar algunos comentarios al respecto, centrándome en los sistemas forestales, donde aventuro que la comprensión de estas dos ideas es sencilla, dado que uno mide el stock de recursos (capital natural) y otro el flujo que se utiliza cada año (servicio ecosistémico). Así, la analogía con la producción de madera es inmediata: por un lado tenemos las existencias de la masa (stock) y por otro el crecimiento anual y lo que se aprovecha del mismo (flujo). Lógicamente no pretendo reducir el capital natural a la producción de madera, pero este ejemplo resulta interesante porque introduce una idea adicional: conservar el capital natural asociado a recursos renovables no implica no consumirlo. 

La idea de computar ambas métricas nace de una pregunta muy simple que cualquiera se puede formular en un sistema forestal: ¿A cuánto asciende el valor de los flujos y servicios que proporciona dicho sistema? ¿Cuánto es el valor de los terrenos forestales de la Comunidad Autónoma…? Ya adelanto que la respuesta a estas interrogaciones no es, ni mucho menos, sencilla, dado que debemos cuantificar y agregar servicios ecosistémicos que presentan un precio de mercado junto a otros que carecen de esta característica. Sin embargo, el objetivo de profundizar en esas cuestiones excede a que para algunos pudiera parecer un mero ejercicio contable. En concreto, realizar estas mediciones puede justificar, de forma objetiva, actuaciones selvícolas o inversiones en tiempos de limitaciones presupuestarias y, además, también puede proporcionar valoraciones sobre posibles daños bióticos o abióticos que sufren dichos sistemas. Dicho de otra forma, la ausencia de mediciones del capital natural puede llevar a infravalorar posibles daños a los sistemas forestales. Y, hablando de daños, se debe insistir que los derivados de un incendio forestal, por poner un ejemplo, no se contabilizan en hectáreas. Por otro lado, es preciso señalar que a nivel empresarial se comienzan a exigir indicadores basados en el capital natural con el fin de, entre otros motivos, cumplimentar los requisitos derivados de las nuevas disposiciones legales europeas.

La toma de decisiones en el ámbito forestal que incluyen múltiples objetivos y que afectan a diversos stakeholders debería realizarse con herramientas homogéneas y contrastadas que facilitaran la comparación. Por otro lado, es muy común encontrarse con intercambios (“trade-offs”) que implican elegir entre alternativas que modulen la oferta de ciertos servicios ecosistémicos tanto en el tiempo como en el espacio, y para tomar esta decisión de forma lo más objetiva posible, una potencial solución pudiera ser priorizar aquellas que proporcionen un valor más elevado. O aquella que reduzca en menor cuantía el capital natural existente si es preciso acometer algún tipo de actuación que la sociedad estime necesaria, y que produzca alguna afectación al caso de estudio considerado. En definitiva, disponer de estos valores (que no precios) de una forma robusta y a nivel espacial puede facilitar muchas decisiones en el ámbito de la gestión forestal. 

En España no se dispone todavía de un sistema para poder obtener estos valores. Es fácil pensar que es una tarea complicada, pero no es menos cierto que en algún momento debería formalizarse. Este deseo, aumentado con la idea de que estas metodologías se incorporen a las que computan las cuentas nacionales, aparece en el documento de la Estrategia Forestal Española 2050. Sin embargo, nada de ello se recoge en el Plan Forestal 2022-2032, lo que parecería indicar que no se esperan novedades al respecto en los próximos años. Por otro lado, es preciso reconocer que no abundan estimaciones de lo que sería el capital natural en los sistemas forestales. En algunos países como en los Estados Unidos hace años propusieron herramientas de la economía ecológica más cercanas a la termodinámica (“emergy”) para conceptualizar el capital naturalen los bosques públicos. Obviando otros detalles, sólo me interesa resaltar que el valor (anual) de los servicios ecosistémicos en estos sistemas forestales es menos del 1% que el valor de su capital natural. Sin ser exhaustivo, otro ejemplo interesante es el del Reino Unido, donde existe una cuantificación del capital natural ya presente en la Oficina de Estadísticas Nacionales. Dicha cuantificación abarca toda la economía del país, y la cifra del capital natural asociado a las tierras forestales alcanza los 382 billones de libras esterlinas en 2021. En este caso el valor anual de los servicios ecosistémicos asciende al 2,6% del capital natural, cifra superior en cuatro veces al PIB del país en ese año. 

Estos números británicos nos dicen que el valor de los servicios ecosistémicos que se computan en un año es muy superior al valor de los bienes y servicios que se producen en esa economía atendiendo a cómo se computa el PIB. Y, como era de esperar, el valor del capital natural es muy superior (más de 160 veces) al del PIB. Sin embargo, no he traído estos números porque reflejen unas cantidades inabarcables. Los he rescatado porque demuestra que se han diseñado metodologías (muchas de ellas basadas en métodos de valoración ambiental) que permiten calcular de forma numérica conceptos, como los definidos en esta entrada, que parecen etéreos. Además, si arriba he comparado el valor de los servicios ecosistémicos (flujo) con el valor del capital natural (stock) es porque si conocemos el valor de los servicios ecosistémicos podemos estimar el valor del capital natural como la suma infinita del valor de dichos servicios. Esta idea sería similar a aplicar el método analítico en problemas de valoración agraria. Por ejemplo, valoramos el terreno donde se puede instalar una plantación forestal como la suma neta de rendimientos que se obtienen a lo largo de su ciclo de vida y suponiendo (hipótesis de Faustmann) infinitos turnos. No obstante, aquí aparecen dos problemas metodológicos. El primero es que suponemos que no se producen ganancias de capital. Si se produjeran (por ejemplo, en el ejemplo antes introducido del volumen de madera si no se aprovecha una parte del crecimiento del año se acumula capital) habría que contabilizarlas, tanto con el signo positivo (aumentos de capital) como con signo negativo (disminuciones de capital). El segundo es que debemos definir una tasa de descuento para sumar adecuadamente estos flujos de caja. Los porcentajes arriba reseñados sería el valor de dicha tasa de descuento, pero habría que definirla antes, habitualmente atendiendo a la idea de la tasa social de descuento. Su cálculo presenta una cierta complejidad, y abarcaría una medida relacionada con la disminución de valor del consumo a lo largo del tiempo desde un punto de vista social. Por cierto, en algunos países de define cada año, y, que yo sepa, este no es el caso de España. Por último, no quisiera finalizar esta entrada sin insistir en las ventajas de disponer de unas cifras asociadas al capital natural y a los servicios ecosistémicos tanto para la toma de decisiones en el ámbito forestal como desde el punto de vista de la propiedad, en especial si ésta es de carácter privado. 

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