“In the reclamation of many arid plains of the central and southern parts of California the blue gum (Eucalyptus globulus) has worked almost like magic” (Kinney, 1895)
Según una reciente, y muy recomendable, publicación de la FAO sobre plantaciones forestales de crecimiento rápido, el eucalipto está presente en alrededor de 100 países, asociado a distintos servicios ecosistémicos de provisión. También conviene resaltar que su importancia superficial es mínima a nivel mundial y que, a pesar de que existen más de 900 especies dentro de este género, el 90% de las plantaciones se refieren a 9-10 especies y sus correspondientes híbridos. Por otro lado, otra agencia de la ONU, UNECE, compuesta por 56 países de Europa, Asia y América, ha publicado una especie de ranking de géneros de árboles forestales según sus existencias. El género Eucalyptus, a pesar de presentar un origen externo a estos países, ocupa el lugar vigésimo (curiosamente, el género Populus es el cuarto). En el caso de España, según las últimas estadísticas forestales (¡2023!), las cortas de estas especies representan algo más del 40% del total de la madera cortada en España en ese año. Además, y aunque se suelen asociar estas plantaciones únicamente a la obtención de pasta celulósica, aunque sea de forma testimonial, ya empieza a aparecer el eucalipto en catálogos de casos de proyectos de madera en construcción. Sirva esta introducción para destacar la importancia de estas masas forestales, a pesar de las persistentes campañas políticas dirigidas en su contra, y caracterizadas por una marcada xenofobia botánica, a lo que me referiré más adelante. No obstante, son numerosos los problemas a los que se enfrenta la gestión de estas especies en nuestro país, y en muchas ocasiones se pueden calificar como crónicos. Uno de ellos sería la falta de investigación sobre muchos aspectos relacionados con la gestión óptima de estas plantaciones. Pues bien, replicando lo hecho un tiempo atrás, en esta entrada se van a recoger algunas publicaciones científicas sobre este género publicadas en los últimos meses, y centradas en aspectos relacionados con su gestión. Debo advertir que la selección no ha seguido ninguna pauta previamente establecida, y se ha evitado el uso de modelos de inteligencia artificial para extraer la información.

Una idea que conviene repetir es que las plantaciones de esta especie son mucho más que un reservorio de inputs para las fábricas de celulosa y este concepto, en un contexto de bioeconomía y de economía circular, resulta muy potente. Desafortunadamente, en España la gestión forestal es extremadamente simple, pero ya no sólo centrada en un output, sino con unos modelos muchas veces subóptimos y no siempre bien justificados. En esta línea de multiplicidad de productos se encuadra un reciente artículo de revisión donde se recopilan algo menos de 200 publicaciones sobre esta especie en este siglo, incluyendo algunas de la llamada literatura gris. No se centran en aspectos concretos relativos a la gestión, pero esta visión aporta una idea, repito desconocida en España, de versatilidad de esta especie. Resultan interesantes los apartados de aplicaciones de estos productos. En otro artículo, centrado en Chile, y donde se habla de la valorización de productos forestales, se exhibe con lujo de detalles esta idea de múltiples productos asociados a las plantaciones de eucalipto.
Otra publicación que quisiera destacar se centra en prever cómo podrían variar las producciones de eucalipto (E. globulus) en el norte de España (más de cinco millones de hectáreas potenciales) bajo diferentes escenarios de cambio climático. Más allá de los incrementos previstos debidos a aumentos de temperatura, resulta muy interesante la idea de desarrollar este tipo de modelos con el fin de evitar futuros trabajos de campo. Los autores también han establecido una relación entre descensos de la productividad al incrementarse la altitud. Este tipo de resultados pueden tener una aplicación práctica evidente y resulta indispensable apoyar este tipo de investigaciones. Quisiera enfatizar también que los autores de este equipo incluye a diferentes Universidades y empresas, lo que constituye una mezcla muy loable. Sería muy interesante replicar un ejercicio similar con E. nitens.
Un conjunto de artículos se centran en aspectos concretos, como realizar modelos ecofisiológicos, pero su interés reside en las consecuencias prácticas que se pueden sonsacar de estas investigaciones básicas. Una de ellas, realizada en un gradiente de casos de estudio en Brasil, demuestra que, bajo ciertas condiciones, la captura de carbono es neta en estas plantaciones. Lo interesante es que es un manejo correcto el que puede condicionar esta captura de carbono, fundamentalmente en decisiones como el espaciamiento, el manejo del rebrote o el material genético utilizado. Y ya que se habla de espaciamiento, sí que resulta clave modularlo en función de la disponibilidad hídrica. Es decir, que habrá que considerar en cada caso cuál sería este espaciamiento óptimo. En esta línea, otros autores, y utilizando un modelo ecofisiológico diferente en plantaciones brasileñas, concluyen que el tiempo que se tarda en recuperarse el carbono de una corta final es muy reducido (20-27 meses, según tipo de manejo). Lo más interesante radica en la importancia de la gestión: otra vez decisiones cómo el turno o las prácticas que se han llevado a cabo anteriormente pueden modificar notablemente el balance de carbono.

En definitiva, estos trabajos apuntan a que una gestión que integre diversos servicios ecosistémicos debe cuestionarse decisiones que se dan por hechas cuando el objetivo es sólo el de producción. Así, cuando se habla de gestión en estas plantaciones no se debiera focalizar en la toma de decisiones más básicas y centradas en un solo output. Por ejemplo, como se muestra en algunos estudios, modulando a la larga el turno, se puede variar significativamente la oferta de servicios ecosistémicos. Como se ha comentado anteriormente, hoy en día el gestor ha de atender a otros servicios ecosistémicos a la hora de tomar decisiones. Uno de ellos sería mantener la productividad del suelo que alberga estas plantaciones, o sea, su sostenibilidad. Un indicador básico a la hora de monitorizar un potencial descenso de la fertilidad de estas tierras es la disponibilidad de fósforo. Un artículo reciente referido a plantaciones en China vuelve a incidir en tomar medidas de gestión adecuadas centradas no sólo en la propia fertilización, sino en el mantenimiento de los residuos de la corta final, o plantaciones mixtas con el fin de evitar una excesiva acidificación del suelo. A esta misma conclusión se ha llegado en otro artículo referido a plantaciones de Brasil. También quisiera destacar otro trabajo reciente de hace meses, firmado por un conjunto de investigadores portugueses, donde se evalúa el uso de quemas prescritas en estas plantaciones. La novedad, al menos para mí, es que este uso se realiza después de la corta final. Es decir, sería un método para reducir el combustible, y por ello el riesgo de incendios. Se insiste en que con estas quemas no se producen daños significativos en el suelo y, además, conduce a mejoras en ciertas propiedades químicas del suelo. Tampoco se ven afectados aspectos como la capacidad de rebrote. Sin duda sería muy interesante comparar estos resultados con otras alternativas de reducción de combustible para justificar una posible implantación.
Si hablamos de gestión de plantaciones de E. globulus, una decisión importante es decidir si se opta siempre por una forma fundamental de masa de monte alto o, por el contrario, después de la primera corta se aprovecha el rebrote y, al menos, la siguiente ya constituiría una forma fundamental de monte bajo. Mi sensación es que actualmente en España presenta un mayor atractivo la primera opción debido al ataque de ciertas plagas, pero en otros países como Brasil sigue siendo un tema a debate. Así, dado que se ha documentado un descenso en la producción en turnos consecutivos de monte bajo, una opción podría ser intentar a través de la fertilización atenuar este problema. Un artículo reciente demuestra que una fertilización apropiada mitiga la reducción que se produce en plantaciones de E. grandis x E. urophylla al pasar a monte bajo, pero ello puede implicar un alargamiento del turno, otra decisión de manejo relacionada. Para llegar a las conclusiones al respecto, los autores han desarrollado un estudio de campo detallado y dilatado en el tiempo. Esto puede parecer una obviedad, pero en España, después de décadas plantando E. globulus, no se ha hecho un estudio similar en condiciones. Sólo existen estimaciones empíricas y nadie ha optado por apoyar (o refutar) esas estimaciones con aproximaciones científicas. Este hecho, sin duda, constituye un ejemplo claro de las deficiencias en cuanto a la investigación forestal de estas especies en España.

Sin embargo, el artículo que más me sorprendido de forma positiva es uno que tangencialmente aborda un problema de más enjundia: la eliminación total de árboles no autóctonos en espacios protegidos, como los parques nacionales. En Soliño y Piorno (2026) se trata esta cuestión a través de una metodología habitual en valoraciones de servicios ecosistémicos: el experimento de elección, eso sí, utilizando un vehículo de pago de forma muy inteligente. Aunque el objetivo principal del artículo radica en analizar las preferencias de los visitantes con relación a programas de conservación propios del Parque Nacional Islas Atlánticas, se propone un programa para la eliminación de especies forestales no autóctonas (o sea, el eucalipto), así como dos alternativas de restauración ecológica: la recuperación del matorral costero que existía antes de las plantaciones forestales o la plantación de árboles autóctonos no existentes en estas islas. Pues bien, los resultados de la encuesta asociada al citado experimento de elección muestran como los visitantes no quieren que se corte el eucalipto, y si se llegara a cortar también prefieren que se planten otros árboles antes que restaurar el matorral existente. Como resulta fácil pensar, aquí los eucaliptos proporcionan otros servicios ecosistémicos distintos de los de provisión (culturales en este caso) y los visitantes lo que demandan es sombra a la hora de visitar estos enclaves singulares. También conviene resaltar que la mayoría de las personas que acuden lo hacen en verano y son gallegos.
Este caso, aunque muy particular, presenta alguna peculiaridad interesante. La primera es que la idea del no al eucalipto en cualquier contexto como si fuera un dogma de fe igual no presenta el respaldo social que algunos pretenden adivinar, obviamente sin ningún estudio mínimamente riguroso detrás. La segunda es que los eucaliptos pueden aportar diversos servicios ecosistémicos, no sólo la producción de celulosa, tal y como se ha mostrado en los párrafos anteriores. La combinación de estrategias de gestión adecuadas en cada caso, justificadas técnicamente, y que se alejen de las prácticas tan simples que predominan en gran parte de la superficie ocupada por estas especies podrían mejorar la calidad de estas plantaciones. Por otro lado, todo lo aquí expuesto conduce a insistir en el error que supone las políticas frentistas con relación al eucalipto. Por mucho que se empeñen algunos que practican la xenofobia botánica y el neocolonialismo en el medio rural, los productos derivados de estas especies son materias primas que merecen la misma consideración que cualquier otra “commodity” del rural gallego, y la gestión forestal debe integrar la necesidad de aportar estos servicios ecosistémicos de provisión. Los productos derivados del eucalipto no constituyen lo que el Premio Nobel Alvin Roth define como “transacciones repugnantes”, sino simplemente materias primas, y como tal deben ser tratadas, aunque se pretenda prohibir ampliar el ciclo de vida de dichos productos, y vulnerar principios básicos de la economía circular.



