Breviario sobre magnitudes forestales en España (II)

La única conciencia de que tenemos conciencia es la del hombre. Miguel de Unamuno: Del Sentimiento Trágico de la Vida

Siguiendo con un repaso liviano sobre ciertas magnitudes vinculadas a los sistemas forestales españoles, voy a centrarme en esta ocasión en los datos que tienen que ver (o tendrían que ver, en el caso que no estuvieran disponibles) con el factor humano. Es decir, la cuantificación de la presencia humana en los predios forestales, bajo distintos puntos de vista y asociada a diferentes servicios ecosistémicos propios de los montes hispanos. Ya anticipo que, reconocimiento la dificultad de la obtención de algunos de ellos, por desgracia, existen muchas lagunas al respecto. No obstante, el objetivo es situar unas potenciales demandas de información vinculadas con los sistemas forestales, sin pretender buscar artífices o culpables de la situación y partiendo de la base que es posible que haya incurrido en algún error u omisión.

Ya en una entrada anterior, centrada en datos sobre la superficie forestal, se advertía que no existe una contabilidad exhaustiva sobre el número de propietarios privados forestales. Sólo se pueden encontrar datos dispersos sobre alguna figura concreta de propiedad y en determinadas CC.AA. Esto, en un país donde la propiedad privada predomina sobre la pública (aunque algunos aún no quieran admitir esta realidad), supone un freno evidente para mejorar y personalizar la gestión forestal. Y esta idea no viene a colación sólo por la información en sí, sino porque creo que es muy importante caracterizar al propietario. Al igual que ocurre en otros países (Finlandia es un buen ejemplo), sospecho que en algunas CC.AA. los propietarios son ya urbanos porque han abandonado las zonas rurales y pensionistas. Suponer que el propietario forestal vive obligatoriamente en el ámbito rural creo que no siempre puede ser exacto, pero ello no es óbice para que no se intente describir e identificar correctamente.

Si no se conoce el número de propietarios, un indicador de la vinculación humana a los sistemas forestales pudiera ser el número de trabajadores. Según los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística, el empleo total de todo el macroagregado “agricultura, selvicultura y pesca” no llega a 800.000 trabajadores en los años 2020 y 2021. La Encuesta de Población Activa (EPA) en el epígrafe selvicultura y explotación forestal contabiliza 37.900. Por otro lado, el último estudio de ASEMFO de inversión y empleo en el sector forestal aporta el dato de casi 6.000 autónomos y alrededor de 60.000 contratos realizados en el sector primario en el año 2020. En cualquier caso, si se divide el número de personas arriba mencionado entre la extensión de la España forestal, el cociente es bastante reducido. Y no mejoraría demasiado si se añadiera la industria de la madera (68.500 empleados), haciendo la hipótesis que todas ellas que estén en zonas rurales, lo que no tiene por qué ser cierto. 

Parece que si se pudiera profundizar en esta línea, los resultados obtenidos serían de ayuda para múltiples propósitos. Es preciso recordar que en España existe un censo agrario (el último data de 2020), pero, a pesar de su nombre, no incluye el ámbito forestal. Hago este comentario porque tradicionalmente se ha incluido en el término “agrario” lo agrícola, lo ganadero y lo forestal. Este censo aporta mucha información sobre las explotaciones agrícolas y ganaderas existentes, y se pueden extraer informaciones útiles para medidas complementarias a la actividad forestal como pueden ser medidas de desarrollo rural, así como políticas medioambientales. Sin embargo, no existe una figura similar en las estructuras con una vocación forestal. Incluso la Estrategia Forestal 2050 reconoce los inconvenientes de esta ausencia, pero en el Plan Forestal 2022-2032 no se especifican actuaciones para superar esta debilidad. Se puede entender que sin estadísticas oficiales ni censos resulta complicado dimensionar el sector y, por otro lado, la artificial división entre un mundo rural sin lo forestal (Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación) y un Ministerio de Transición Ecológica que, en mi opinión, desdeña (al menos el pilar económico y productivo) la actividad forestal no augura la adopción de medidas favorables para los intereses de los propietarios forestales. Otra opción para profundizar en el factor humano relacionado con estos predios sería la realización periódica de encuestas a propietarios, usuarios, asociaciones, etc. Sería una buena forma de pulsar la opinión de aquellos que se verían más afectados por la realización de determinadas políticas. Sin embargo, el primer paso sería, repito, hacer un esfuerzo para categorizar la propiedad forestal con el fin de segmentar correctamente la población a encuestar. Obviamente, encuestar únicamente a potenciales usuarios urbanitas con el fin de tomar decisiones, pero marginando a la propiedad y a los habitantes del rural, sería un sarcasmo. Algunos países, como Australia, realizan encuestas al respecto, pero más con la idea de pulsar la opinión de la ciudadanía sobre algunos temas a lo largo del tiempo.

Ya que se ha mencionado el tema de los visitantes, sin duda que es un aspecto muy importante en algunos montes, dada la importancia creciente que, por ejemplo, presentan los servicios ecosistémicos culturales. Comenzando por destacar las visitas con motivos recreativos, obviamente es muy complicado realizar una aproximación del número de visitas anuales que se pueden contabilizar en un determinado predio forestal. Surgirían muchos problemas de motivación, de doble contabilidad, de viajes multipropósito, etc. pero algún umbral mínimo se podría estimar a partir de los datos de los establecimientos de turismo rural. Los últimos datos hablan, en números redondos y para todas las categorías disponibles, de 15.000 establecimientos. Discriminando aquellas cerca de un predio forestal y suponiendo que un determinado porcentaje de visitantes se animará a disfrutar de sus encantos, se puede realizar una estimación inicial e imperfecta del número de visitantes, pero mejor que ninguna. Esta idea se ha aplicado en algunos proyectos a nivel nacional que intentaban realizar una valoración a nivel espacial de esta actividad, como se explica en este artículo. Volviendo con comparaciones con otros países, mientras en Australia existen estadísticas en determinadas zonas de personas que hacen senderismo, en la estadística forestal del Reino Unido se incluyen los resultados de una encuesta a unos pocos miles de ciudadanos que refleja datos muy jugosos: además de las motivaciones y las actividades realizadas en las visitas a los sistemas forestales, se concluye que el número de visitas a los bosques escoceses se sitúa en 123 millones en la temporada 2019/2020, y en 368 a los bosques ingleses en la 2018/2019, cifra menor a la de años atrás, que superaron los 400 millones. Eso supone unas cifras elevadísimas: 83 visitas/ha en el caso de Escocia y 274 en el caso de Inglaterra, con independencia de que ese cociente no sea el mejor posible para sacar conclusiones. 

Se podría continuar enumerando muchas motivaciones para visitar los sistemas forestales: científicas, centradas en la conservación de la biodiversidad, espirituales, etc. con la dificultad de su estimación. Sin embargo, hay por lo menos dos de ellas que intuyo se podría dar alguna cifra al respecto. Aunque el último dato del MITECO señala en más de 700.000 las licencias de cazadores, sería interesante conocer cuántos no viven en zonas rurales y, por ello, se desplazan al medio rural para realizar esta actividad. Otra estadística que no he encontrado es la de usuarios de ciertos usos turísticos especializados (estoy pensando en el micoturismo) donde prima más el uso recreativo que el de recolección y que igual no están del todo representado en otras potenciales contabilidades. Aquí con el número y distribución de permisos micológicos se podría realizar una estimación inicial, excluyendo los locales y los comerciales. 

En definitiva, parece claro que la información es incompleta y está muy dispersa. Baste decir que, por las razones que sean, la estadística forestal actual no tiene un capítulo en esta línea. Finalmente, quisiera apuntar una idea adicional: no parece lógico que se pretenda contabilizar cada animal silvestre, y no tengo nada en contra de ello, pero, a la vez, obviar una contabilización paralela de los propietarios, a los visitantes, a los recolectores y a todo aquello que tenga que ver con la actividad humana en los sistemas forestales. Y todo ello en la época del “big data” y de las grandes bases de datos… ¿deberemos concluir que justamente se pretende eso? Puedo ser un idealista, puedo olvidarme de las consecuencias de ciertas políticas ambientales, pero, sinceramente, me niego a aceptarlo, de la misma forma que creo que Félix Rodríguez de la Fuente seguiría hoy llamando a su programa: “El Hombre y la Tierra”.

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