Breviario sobre magnitudes forestales en España (III)

Continuando con la idea de cuantificar diferentes aspectos de los sistemas forestales en España, y después de haber abordado entradas relacionadas con la superficie y la presencia humana, a continuación se comentarán algunos datos disponibles relacionados con uno de los servicios ecosistémicos de provisión por antonomasia: la producción de madera. Con el fin de categorizar la información, sólo se abordará desde el lado de la oferta. Entrando en materia, lo primero que cabe decir es que, siguiendo los datos del Anuario de Estadística Forestal, las cortas en España han llevado una línea ascendente (descontando el año de la pandemia) en los últimos años. Grosso modo, se cortan alrededor de 18-19 millones de metros cúbicos todos los años, lo que corresponde a menos de la tercera parte del crecimiento anual de las masas forestales. Es decir, de forma global, el aprovechamiento de madera es claramente sostenible, siguiendo el resultado de este indicador. Por realizar una comparación a nivel europeo, y con datos de 2015, este dato de 2020 convertiría a España en uno de los países donde este cociente alcanza un nivel más reducido. No obstante, hay que tener un cierto cuidado a la hora de manejar esta información. Por un lado, debería matizarse a nivel desagregado y, por otro lado, no estaría de más que se perfeccionara incluyendo por el lado del numerador las pérdidas por mortalidad (incendios, plagas), tal y como se realiza en los países nórdicos o en USA. Por otro lado, la información incluida en el citado Anuario sobre la oferta de madera está clasificada según los parámetros habituales (territoriales, según tipo de propiedad, conífera o frondosa), echándose en falta el porcentaje de las cortas vinculado a las plantaciones productivas existentes. Además, y como cabría esperar atendiendo a la distribución de la propiedad forestal, el 85% se realiza en montes privados y, aproximadamente ese mismo porcentaje del total se vincula a las cortas sólo de 3 especies de pino y las de eucalipto, suponiendo estas últimas más del 40% de las cortas anuales de madera en España. 

Sin embargo, trabajar con datos agregados, tanto a nivel estado o regional, a veces puede enmascarar otras realidades forestales que conviene señalar. Desconozco si existe algún informe homólogo en otra CC.AA., pero voy a centrarme en la última edición del informe XERA en Galicia, compendio que suscita mi interés desde hace años tanto por su buen hacer, como por aportar informaciones no recogidas a nivel nacional. Con independencia de algunas discrepancias con los resultados del Anuario de Estadística Forestal, conviene destacar algunos datos. Así, en el año 2021 las cortas en esta CC.AA. se acercaron a los 10 millones de metros cúbicos y, por otro lado, se diferencian las cortas entre las dos especies principales de eucalipto en Galicia (hecho omitido por el Anuario). Llama la atención que cerca del 40% de las cortas (algo más de 2 millones de m3) ocurridas en 2021 se corresponda ya a Eucalyptus nitens. Por otro lado, al igual que pasa a nivel nacional con relación a las cortas y las especies, también existe una concentración a nivel municipal. Es decir, hay municipios donde los aprovechamientos anuales alcanzan cifras muy elevadas, y aunque ello podría responder a varios condicionantes (por ejemplo, la superficie municipal no es homogénea), a pesar de todo, constituye un indicador de la intensidad de los mismos. En concreto, en Galicia hay dos municipios que sobrepasan los 200.000 m3/año, y con realidades similares, a pesar de las especies forestales predominantes en cada uno de ellos. Así, el municipio donde se producen más cortas es el de Ortigueira, en el norte de Galicia, zona clara de eucalipto. Tomando los últimos datos disponibles, este municipio en un año corta más madera que Extremadura y casi tanto como la suma de Aragón y La Rioja. El segundo es el de Fonsagrada, en la provincia de Lugo, y donde las cortas se concentran fundamentalmente en coníferas. Pues bien, a pesar de estos números, ambos municipios comparten otra estadística poco edificante: el altísimo despoblamiento. Así, Ortigueira ha perdido desde comienzos de siglo el 36% de su población, mientras que Fonsagrada ronda estas cifras. En definitiva, disponer de una oferta abundante de madera en un municipio de gran extensión no es condición necesaria para asegurar que se mantenga la población. Habría que preguntarse por las industrias forestales que (no) se ubican en ambos municipios.

Por otro lado, a la hora de caracterizar la oferta de madera, tanto a nivel nacional o autonómico, resulta lógico incluir informaciones de mercado, como puede ser el precio de los diferentes aprovechamientos. A nivel nacional, el Anuario proporciona datos que recogen precios de la madera en pie, en cargadero, así como el precio mínimo asociado a subastas donde aparezca la especie analizada. Sin embargo, la serie histórica que acompaña se centra en datos obtenidos en cargadero para estimar el valor total de la producción, valor total, pero no por hectárea, como se recoge en ciertas estadísticas europeas. Entendiendo la problemática para obtener estas informaciones, sería deseable que se recogiera la evolución de los precios (no tanto de los valores) bajo magnitudes reales (no sólo nominales), dadas las peculiaridades del mercado de la madera. Además, sería muy útil incorporar algún indicador sobre la evolución de los costes de producción, aunque sólo fuera a nivel de plantaciones productivas, como ocurre en otros países como Brasil. Por otro lado, a nivel regional existen informaciones proporcionadas por diferentes asociaciones de propietarios que ofrecen quizá una idea más fiable, al ser datos más desagregados. Es preciso comentar que las metodologías para la obtención de dichos precios son heterogéneas, ya que mientras unas veces se parte del dato del precio de la madera en la industria y se le restan los costes hasta llegar a estimar el precio de la madera en pie, en otras ocasiones se estima dicho precio en el monte. 

Finalmente, en aras a facilitar el desarrollo de propuestas incluidas en la llamada bioeconomía forestal, sería muy deseable que los datos vinculados a las cortas se completaran con unas proyecciones en el tiempo sobre la oferta futura de madera según diferentes destinos. En algunos países como el Reino Unido o Australia se aporta dicha información, que ayuda a la toma de decisiones si se quiere, por ejemplo, evaluar el porcentaje de la madera estructural que se pueda utilizar no proceda de la importación de otros países. Estas informaciones podrían ser muy útiles para evaluar el desarrollo de la bioeconomía circular en el ámbito forestal, además de encajar en políticas transversales que se están desarrollando hoy en día. A título de ejemplo, y aunque sea sólo de boquilla, la estrategia española de economía circular incluye al sector forestal como sector prioritario, y no hay que olvidar que la Estrategia Forestal 2050 apunta a la bioeconomía circular como una oportunidad del sector forestal español.

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