El recurso micológico: esa potencialidad desconocida

La percepción que la sociedad tiene de los sistemas forestales ha cambiado mucho en los últimos lustros. Estoy completamente seguro que si se le pregunta aleatoriamente a un individuo sobre lo que representa para él un monte ahora y hace treinta o cuarenta años, las respuestas pueden ser muy diversas. Y esto es así porque paralelamente al abandono de actividades antaño productivas (cortas de madera) en muchos montes, otros bienes y servicios asociados a estos terrenos han cobrado una gran y merecida importancia en los últimos años.

Uno de estos bienes (aunque la distinción entre bien y servicio ya no es tan sencilla, como se apuntará más adelante) es el recurso micológico. Así, lo que hasta hace pocos años era un aprovechamiento local y marginal dentro de los documentos de gestión de los montes, hoy en día en muchas zonas de España presenta una gran importancia, pudiendo incluso ser la principal fuente de rentas en numerosos montes. Si uno se acerca a este recurso a nivel de estado debe tener presente que su importancia, medida a través de las magnitudes económicas habitualmente utilizadas en las estadísticas oficiales, es muy reducida, pero, y ahí está la paradoja, eso no excluye que ya en muchas comarcas sea una actividad productiva de primer orden. 

Por otro lado, en los últimos lustros se han producido dos fenómenos que quizá hayan pasado desapercibidos y que son el principal objeto de este post. Por un lado estaría el esfuerzo investigador que se ha realizado en España al respecto en los últimos años. En efecto, en el campo de la micología aplicada a la gestión forestal se han formado grupos de investigación que hoy en día compiten en las revistas de más alto prestigio a nivel internacional, siendo, además, referencia obligada para algunas especies como la trufa negra. Por poner algunos ejemplos sencillos, y sin ánimo de ser exhaustivo, estos investigadores han llenado un hueco en la gestión forestal al promover prácticas selvícolas que compatibilicen las producción de madera y de hongos, también a la hora de disponer (en algunas zonas) modelos de predicción de los hongos o de buscar los factores climáticos, edáficos, etc. que pueden ayudar a estimar las producciones de estos hongos. Además, estos grupos se encuentran dispersos en distintas Universidades y Centros de Investigación situados en diferentes CC.AA. (Castilla y León, Cataluña, Navarra, Murcia, Aragón, Comunidad Valenciana, Madrid, etc.), con lo que no se puede hablar de un fenómeno aislado o propio de una determinada región. Por último, se debe destacar que estos investigadores han hecho, paralelamente, una gran labor pedagógica en cuanto a la divulgación de su investigación.

Pero si el avance de la investigación ha sido extraordinario (por poner un ejemplo, los libros clásicos de gestión forestal habitualmente empleados en España apenas mencionan a este recurso), no lo han sido menos aspectos como la extensión de esta investigación a otros integrantes de la sociedad y el apoyo de ciertas Administraciones. Así, ciertas políticas públicas han permitido diseñar mecanismos que han hecho de la recolección de este recurso un aprovechamiento sostenible y que ha permitido, entre otras ventajas, crear empleo en el ámbito rural, proveer de una pequeña renta a los montes, promover una educación ambiental y establecer un vínculo de la sociedad con los sistemas forestales que puede ser vital para su conservación. En esta línea, los programas de la Junta de Castilla y León (anteriormente el programa MYAS, hoy en día el programa MICOCYL) ha sido un buen ejemplo de lo que estoy diciendo y que está siendo el germen para que se diseñen programas similares en otras Comunidades Autónomas. Pero, además de estas iniciativas de carácter público, también se han desarrollado iniciativas privadas que abarcan toda la cadena de valor del hongo, desde el monte hasta todos los canales de distribución (este sería un ejemplo) y que, incluso llega al servicio asociado a la recolección de hongos y a su componente recreativa (el llamado micoturismo). En síntesis, creo que estos esfuerzos están siendo, en general, muy innovadores, en general exitosos, dignos de admirar y que, por último, están repercutiendo muy positivamente en zonas con problemas de despoblamiento rural, además de poner en valor un recurso tradicionalmente asociado a mercados opacos. Ojalá sigan en esta línea y su ejemplo se extienda a otros bienes y servicios propios de los sistemas forestales.

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