Turno: conceptos y variantes

The notion of cutting cycle or rotation is a second example of a longstanding, prominent silvicultural concept that has undergone changes throughout history in response to a variety of external factors”: Puettmann K.J. et al., A Critique of Silviculture (2009)

Ya me he referido en una entrada anterior a una idea crucial que subyace a la gestión forestal: cuándo se debe cortar y las implicaciones que ello conlleva. Si vuelvo a ella es para señalar algunos términos que se han popularizado, a mi modo de ver de forma incorrecta, y para reflexionar sobre cómo está evolucionando la idea original ante los nuevos escenarios donde se demanda a las tierras forestales un conjunto más amplio de servicios ecosistémicos. Comenzando por aproximaciones más epistemológicas, me interesa mucho matizar algunas expresiones que se han ido popularizado para referirse a esta acepción. Una de ellas es “turno de corta” y, para mi sorpresa, cada día la leo o escucho con más frecuencia y no sólo en España, sino en países de Hispanoamérica. Creo que se trata de una redundancia que no aporta nada y que debería eliminarse. Así, lo correcto sería hablar de turno, y, en general, adjetivarlo sólo cuando se haga referencia a una tipología de los turnos habitualmente admitidos (físico, máxima renta en especie, económicamente óptimo, tecnológico, etc.). Es decir, el caso general es que la unidad de manejo sufra cortas finales (incluso si no se corta, éste sería un caso particular con un turno igual a infinito), por lo que no habría que añadir esa coletilla. Lo mismo cabría decir de otras expresiones que se puede encontrar en alguna literatura: “turno de aprovechamiento” o “turno de explotación”. Completar esta acepción con otra palabra tendría sentido en ocasiones donde el turno se refiere a la extracción continuada en el tiempo de otro tipo de servicios ecosistémicos, como el corcho, y de ahí que sea conveniente hablar de “turno de descorche”. Por último, quisiera recalcar que ni en el Diccionario Forestal publicado por la Sociedad Española de Ciencias Forestales ni en libros clásicos, como los de Enrique Mackay o Alberto Madrigal se incluye la acepción de “turno de corta”.

Sin entrar en conceptos relacionados y con más enjundia para el lector no iniciado (“turno de transformación”; “turno normal”), algunas veces se habla de “rotación” en vez de turno, quizá por su acepción equivalente en inglés (“rotation”) o por influencias de prácticas agrícolas. Esta situación es más fácil de ver en especies donde se acepta unos turnos muy cortos (e.g., tallares de chopo). Por otro lado, en especies de crecimiento rápido a veces se produce una cierta indeterminación en la definición del turno cuando se aprovecha al menos un rebrote después de una corta final. El ejemplo más claro se sitúa en plantaciones de Eucalyptus globulus, y, generalmente, se suele o se solía hablar de turno cuando se produce una corta final, no cuando la masa vuelve a la forma fundamental de masa de monte alto (después de una nueva plantación). Ello supone que se habla de un turno (por ejemplo de 15 años) y un ciclo asociado al número de rebrotes que se incluyan en el plan de manejo. Si he utilizado el pasado es porque antes era una práctica muy generalizada pero hoy en día me consta que hay propietarios que prefieren levantar la plantación después de la primera corta final. 

Por otro lado, es preciso recordar que el concepto de turno presenta una importancia desigual si nos referimos a especies forestales de crecimiento rápido o a especies de crecimiento lento. En efecto, el concepto de turno parte, entre otros, de dos puntos de partida ineludibles. El primero es que se sabe la edad de la masa cuando se determina cuál sería el turno que se debería seguir en el futuro. Lógicamente, el caso más sencillo es el de una plantación en cualquiera de sus variantes. El segundo es que se trata de una decisión ex ante, con lo que, en la realidad, puede modificarse su duración por diferentes motivos (y aquí se entraría en la idea de “sacrificio de cortabilidad”). Todo ello unido nos lleva a dos hechos relevantes: si el caso de estudio se refiere a plantaciones de crecimiento rápido, será de importancia seguir el turno inicialmente fijado porque, a priori, coincidiría o sería muy próximo a un turno económicamente óptimo. Sin embargo, en el caso de especies de crecimiento lento, con turnos mucho más dilatados, los propios métodos de ordenación clásicos (e.g., tramo único, tramo móvil) permiten modificar ese turno inicial, lo que no suele causar ningún contratiempo en la gestión. De hecho, la cifra real del turno, lo que sería el turno ex post, muchas veces no se conoce a nivel de rodal porque, entre otras razones, no se conoce la edad exacta de cada rodal, y la planificación de las cortas finales puede llevar a turnos ligeramente diferentes en, por ejemplo, cantones que pertenezcan al mismo tramo de regeneración.

Lo que se ha comentado hasta ahora se había centrado fundamentalmente en la madera como objetivo principal de la gestión. Sin embargo, si se añaden otros servicios ecosistémicos, el turno inicialmente previsto puede modificarse. Aquí el gestor debe evaluar si es pertinente retrasarlo alguna o varias décadas (e.g., para permitir unos años adicionales de recogida de carpóforos en rodales donde se debería concluir el aclareo sucesivo), si hablamos de especies de crecimiento lento, o incluso si en algún rodal se puede justificar un turno físico. El abanico puede ser muy amplio, y la importancia de unos servicios ecosistémicos frente a otros podrá otorgar pistas para elegir la mejor opción, pero siempre teniendo en cuenta que el turno también fija el inicio de la regeneración de la masa, o lo que es lo mismo, el cumplimiento del principio de persistencia. Olvidarse de ello cuestiona la sostenibilidad de la gestión, por mucho que algún advenedizo fundamentalista de turno, valga la redundancia, crea que la solución universal es la no gestión. Con todo ello, parece que la idea de turno en este tipo de masas forestales se aplica con menos rigidez que hace unas pocas décadas y, por otro lado, la multifuncionalidad intrínseca a la gestión forestal puede sobrepasar esta idea. Así, si estamos en contextos donde el servicio ecosistémico asociado a la captura de carbono es de gran importancia, no resultaría extraño computar (e.g., en entornos de “gestión forestal mejorada”) el carbono más allá de su turno. Me estoy refiriendo al carbono asociado a los productos de madera según cada vida útil establecida. Aquí se puede apreciar claramente cómo el horizonte de planificación sobrepasa el turno establecido ex ante. En síntesis, lo aquí expuesto para el turno (repito, no turno de corta) es una muestra de la importancia de esta decisión y sus implicaciones presentes y futuras en la gestión forestal. 

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