Moratorias y Fracasos

“En 1934, Sir Josiah Stamp y un puñado de otros hombres públicos británicos y estadounidenses, ante «la fecundidad embarazosa de la tecnología», propusieron «una moratoria de la invención y el descubrimiento»”. John Staddon: Scientific Method

Expongo en esta entrada mi opinión, personal y transferible, sobre una situación anómala que se está produciendo en Galicia (dejo a un lado el caso de Vizcaya) desde el año 2021: la moratoria sobre plantaciones con especies del género Eucalyptus. Con el fin de contextualizar adecuadamente la situación, lo primero que se debe recordar es que cuando se habla de moratorias, resulta inusual hablar de moratorias desde el lado de la oferta (no plantar). En efecto, lo habitual es referirse a moratorias por el lado de la demanda (la moratoria para la caza de ballenas establecida en 1982, moratorias de explotaciones forestales para reducir la deforestación en ciertos países tropicales, moratorias para explotar aguas subterráneas, etc.). Es decir, aunque se trate de normalizar, se trata de una situación bastante anómala. Por otro lado, resulta oportuno advertir desde el principio que, desde un punto de vista semántico, la moratoria se asocia a una prórroga (por ejemplo, a la hora de cumplir unas determinadas obligaciones contractuales) o a un retraso. Es decir, en ningún caso tiene un carácter permanente. Pese a lo que divaguen algunos tartufos, moratoria no es lo mismo que prohibición.

Esta moratoria aparece, desde el punto de vista legislativo, en la Ley de Recuperación de Tierras Agrarias de Galicia. En concreto, se dedica la disposición transitoria novena a desarrollar los aspectos de esta moratoria, que básicamente consiste en prohibir la repoblación con eucaliptos en zonas forestales que tuvieran otro tipo de cobertura anterior. A mayores, en la citada ley se prohíbe el eucalipto hasta para realizar plantaciones con un fin de cortavientos (de hasta diez metros de ancho) en tierras agrarias. No obstante, ni en dicha disposición adicional ni en la exposición de motivos de la ley se aducen las razones para proponer dicha moratoria. Esto, a mi juicio, no es baladí, ya que algunos validan esta norma por la proliferación de nuevas plantaciones de eucalipto a un ritmo superior al previsto en el primer Plan Forestal de Galicia (año 1992). Sin embargo, se prefiere olvidar otros motivos que se han aducido para su justificación. Como ya he comentado en otra entrada de este blog, el entonces Presidente de la Xunta de Galicia motivó esta disposición por, y cito textualmente, “la caída de los precios de la madera”.  Por cierto, también cabe recordar que no consta que haya sido fruto de un consenso entre todos los stakeholders afectados por esta medida, sino más bien una imposición de la Xunta de Galicia.

Una vez visto el opaco origen, cabe preguntarse qué se podría haber hecho para mitigar sus consecuencias o para establecer unas bases que corrijan este supuesto problema. La teoría económica nos dice que si, hipotéticamente, existe un exceso de oferta se deberían tomar medidas para acompasar la oferta y demanda. Desde el lado de la oferta, por ejemplo, se podría actuar en zonas o tipologías de suelo y propiedad bien definidas donde no sería aconsejable la extensión de estas plantaciones, o bien establecer mecanismos de mercado para incentivar de forma ordenada ciertos incrementos en la superficie plantada por parte de los legítimos propietarios. ¿Se ha hecho algo al respecto desde que la moratoria ha sido aprobada? Una primera acción, para mitigar la moratoria, en el reciente Plan Forestal de Galicia 2021-2040 se habla de un programa de transformación de eucaliptares degradados, fijando una superficie de 5.000ha a cumplir a final de este año, así como el fomento de la producción de madera para sierra, chapa o bateas en turnos superiores a veinticinco años. ¿Se sabe cuántas hectáreas están adscritas a estas opciones? Y nos queda hablar del lado de la demanda, y del problema de los precios que señaló el anterior presidente de la Xunta. ¿Se ha hecho algún estudio consistente sobre la evolución de la oferta de eucalipto en los próximos años, con diferentes escenarios de demanda y cómo puede afectar eso a los precios? ¿Se ha analizado a fondo el mercado de la madera de eucalipto, sobre todo en zonas donde existe una clara competencia imperfecta? ¿Se piensa tomar medidas al respecto? ¿Se ha estudiado cómo afectaría al precio de la madera si se instala otra fábrica de celulosa? También se podría haber incentivado algunos usos alternativos de los productos derivados de estas plantaciones. Me refiero a apuestas novedosas que hipotéticamente pudieran abrir nuevos mercados. Ello no significa que todo tenga que consolidarse de forma obligatoria (recuerdo la idea de Richard Branson y su división de Virgin Australia que intentaba proveer de combustible a las aeronaves con hojas de eucalipto), pero las Administraciones públicas pueden ayudar a que proliferen ideas innovadoras. ¿Se ha hecho algo en esta dirección? Todas estas medidas, incluidas entre interrogaciones anteriormente, salvo error u omisión por mi parte, brillan por su ausencia. En definitiva, la moratoria no ha venido acompañada de ciertas acciones básicas para enderezar o aprovechar el hipotético exceso de superficie de plantaciones de eucalipto existente. Igual se pensaba que dicha moratoria arreglaba milagrosamente los problemas arriba citados.

Por otro lado, y siguiendo con el papel de la Xunta de Galicia con relación al eucalipto, ya que el Plan Forestal de Galicia habla textual, y erróneamente, de “valorizar” (sería “valorar”) todos los servicios ecosistémicos o la multifuncionalidad de los sistemas forestales gallegos, la pregunta que surge es si desde se ha dado algún paso para valorar el servicio ecosistémico que realizan las plantaciones forestales después de 1990 y que, gracias a ellas, compensan más del 16% de todas las emisiones nacionales (según el último inventario de GEI). ¿Es sostenible pensar que el eucalipto, la especie que más carbono fija anualmente según datos de MITECO no ha colaborado en este porcentaje? ¿Por qué no hay interés en difundir la aportación que hacen los eucaliptares de Galicia a este porcentaje? ¿Acaso se niega esta realidad? Para más inri, recuerdo que el Plan Forestal de Galicia lleva por subtítulo “Hacia la neutralidad carbónica”. En definitiva, si no se ha hecho gran cosa en todas estas cuestiones arriba mencionadas, uno puede pensar que se deberían replantear ciertas estrategias. Salvo, claro está, que lo que interese es no hacer poco o nada…  para justificar que se prorrogue la actual moratoria. 

Tampoco conviene olvidar que el eucalipto ha sido, históricamente, una especie muy áspera para los gobernantes y nunca se han enfrentado a tratar este supuesto problema de cara, empezando por explicar con claridad qué piensan sobre estas plantaciones. La estrategia siempre ha sido de perfil bajo, tratando que el tiempo atenúe posibles problemas y sólo enfrentándose al problema de los incendios. Sin embargo, les encanta presumir de la importancia de la cadena de la madera en Galicia, de sus cifras macroeconómicas, pero no reconocen que, en números redondos, más de la mitad del eucalipto que se cortaba en Galicia se procesaba fuera de la Comunidad. Ante esta realidad no hace falta ser muy perspicaz para pensar que hay sitio para otra industria en Galicia (si interesa una industrialización en el rural, claro). Si hay que apostar por la bioeconomía forestal, ¿por qué en su momento no incentivó la presencia de otra instalación en una zona lo más idónea posible o, por lo menos, se pensó dónde se podría instalar? ¿no es descabellado fomentar el incremento de la demanda de una materia prima que no se transforma en Galicia? ¿o es que un gobierno debe fomentar que las materias primas se transformen allende sus fronteras? Las respuestas a estas preguntas, a mi juicio, están relacionadas con la decisión sobre una moratoria de este tipo. 

Esta indolencia institucional se agrava por la percepción manipulada que se tiene sobre estas plantaciones y que retroalimenta la desidia de las Administraciones Públicas. Esta retroalimentación se basa en aceptar dos premisas del todo inaceptables en los tiempos que vivimos. La primera es acudir a soluciones del tipo blanco o negro: eucalipto sí o eucalipto no. Hay gente que sólo sabe plantear disyuntivas falsas con el fin de criminalizar a los que no opinan como ellos (véase el tramposo dilema actual que se ha montado con las centrales nucleares y la energía eólica), y este tipo de sofismas son incompatibles con una sociedad avanzada. Y la segunda es una versión del mítico “café para todos”, que tanto daño está haciendo en la actualidad en la toma de decisiones políticas. O la superficie forestal que no proceda de eucalipto puede ser plantada en todas las zonas o en ninguna. Ya ha transcurrido la cuarta parte de este siglo, y con todos los avances alcanzados en todos los niveles resulta bochornoso, y casi fronterizo con la prevaricación, que se sigan tomando las decisiones utilizando invocaciones de hace cincuenta años. Dicho de otra forma, la gente paga sus impuestos para que se dispongan de las mejores herramientas para la toma de decisiones y estas se alcancen utilizando esas herramientas para el bien común y no para justificar nostalgias de un programa político del siglo pasado. ¿Tiene sentido promover un Inventario Forestal Continuo si se basan las decisiones en esos dos principios? Este tipo de soluciones binarias, promovidas en parte desde los poderes públicos, constituyen una cargante losa para los propietarios de estas plantaciones. 

Ya que se habla de los propietarios, cabe decir que están sujetos a numerosas presiones, y que, además, la moratoria actual no las ha mitigado, sino más bien todo lo contrario. La primera presión viene de la xenofobia botánica presente en diversos extractos de la sociedad y que es hábilmente manipulada por algunas organizaciones y partidos políticos. La segunda presión la constituye esa suerte de apartheid que sufren dichos propietarios por esos mismos partidos. Se ha decidido invisibilizar a los propietarios de eucaliptos, y éstos nunca aparecen en sus pseudo-procaces proclamas. Parece que el eucalipto nace sólo en un terreno que no es de nadie, que ninguna persona lo cuida, ni paga sus impuestos y, de repente, ¡voilá! crece y se corta y es cuando empieza a molestar a algunos… o a hacerse los ofendidos, claro. Por último, también hay que mencionar el neocolonialismo capitalino implícito en muchas acciones y omisiones de los que intentan imponer atropelladamente sus descabelladas ideas sin respetar ni a la propiedad ni a los habitantes de zonas rurales. Como se asimila a un neocolonialismo de manual, les importa un pimiento la prosperidad de los habitantes del rural gallego.

Pero, si ya no fuera bastante lo arriba expuesto, los propietarios forestales tampoco han recibido otra cosa que no sea el silencio de algunas organizaciones forestales y empresariales relacionadas con el sector. En algunos casos ese silencio es interesado debido a la presencia de otra gran industria forestal relacionada con el eucalipto en su seno, y que se beneficia indirectamente de las últimas polémicas relacionadas con esta especie. No obstante, parece que alguna asociación empresarial relacionada con la cadena de la madera (Fearmaga) se ha manifestado a favor de no continuar con la moratoria. Sin embargo, recientemente una organización (Fundación Arume) promueve su extensión. Dicha Fundación defiende y promueve los intereses de los propietarios de coníferas en Galicia, lo que, sin ninguna duda, es loable. Sin embargo, la forma de defender estos legítimos intereses los lleva a segregar (y, de nuevo, invisibilizar) a los propietarios forestales de eucalipto frente a los propietarios de pino. Ello se manifiesta claramente en su argumentario a favor de justificar la moratoria donde se recoge textualmente una petición para ayudar (sólo) al selvicultor de coníferas en base a incentivos y ayudas fiscales. A este respecto, conviene recordar que el Plan Forestal de Galicia habla de conseguir una fiscalidad más favorable para los propietarios, pero sin entrar a distinguir el tipo de masa forestal. Además, dentro de esta Fundación se engloba la Asociación de Forestales de Galicia donde, quiero suponer, se integran propietarios de todo tipo de especies, no sólo de pinos. Y esa Asociación ya se ha manifestado abiertamente a favor de que se extienda la moratoria. Es decir, las asociaciones donde se encuadran los propietarios de eucalipto están en contra de plantar más eucaliptos. Parece que todos los propietarios de eucaliptares no están de acuerdo con esta propuesta, pero, en cualquier caso, las justificaciones aportadas parecen débiles y desprenden una gran dosis de oportunismo político. En definitiva, todo ello agrava la soledad, a todos los niveles, de la propiedad forestal privada dedicada al eucalipto en Galicia, que se ve atacada por diversos flancos mientras algunos que deberían apoyarla se lavan las manos o mueven sus hilos para justificar lavarse las manos dentro de unos meses. 

Por otro lado, igual hay que hablar de otra moratoria que está surgiendo en los últimos meses y no promovida directamente por los organismos políticos. En este caso está ceñida a la no plantación de pinos debido bien a que los propietarios no se fían de que no les ataque en los primeros años de la plantación el hongo causante de la banda marrón, o bien por seguir las recomendaciones que hablan de dejar unos años sin plantar en zonas afectadas para intentar que la plaga desaparezca. Es decir, que si no quieres moratoria, toma dos tazas. Ante este problema, algunos proponen sin ambages que los propietarios sigan sin poder plantar eucaliptos, e incluso proponen la introducción de pinos americanos (Pinus taedaPinus elliottii) como sustitutos de Pinus radiata tan afectado por esta plaga. El problema que le veo a este argumento es que si se critica injustamente al eucalipto por ser una especie exótica, se está proponiendo introducir otras especies exóticas, más allá de que si realmente el hongo causante de estos problemas puede afectar o no a estos pinos americanos. Si se sigue apostando por mantener la moratoria del eucalipto y no se encuentra una solución a este nuevo problema, el mensaje que se manda es que Galicia renuncia a explotar ordenadamente su recurso forestal más productivo y se priva de rentas durante los próximos años a los legítimos propietarios de estas tierras. Y si a esto se le añade, a expensas de futuras normativas, la imposibilidad legal de forestar tierras agrarias para realizar proyectos de absorción de carbono me atrevería a decir que la consecuencia de todo ello va a ser un incremento del abandono del rural: las evidencias indican que no interesa que los propietarios vivan de rentas forestales en el rural ¿es eso realmente lo que se pretende? Finalmente, si no se encuentra una solución rápida para este problema, es fácil pensar que se producirá a medio-largo plazo un cierto apagón forestal de la superficie de coníferas. Aquellos que creen que un Plan Forestal a veinte años es una especie de fórmula matemática exacta y que tiene que cumplirse a rajatabla, como en el caso del eucalipto, ya pueden empezar a rajarse las vestiduras.

Al mismo tiempo, se ha orquestado una campaña de ruido mediático con relación a la extensión de la moratoria, con adjetivaciones ridículas e inexactas, arrogándose unos pocos la opinión de toda la sociedad, y alentada por algunos terraplanistas monaguillos del decrecimiento. Mi opinión al respecto es que, si tanto les molesta el eucalipto, ya es hora de que adopten y promuevan actitudes valientes y consecuentes con sus atávicas proclamas. Con todo el respeto, les propondría que hicieran, a título individual, una moratoria del consumo de productos derivados de la celulosa. Por ejemplo, no utilicen papel, veten el papel higiénico (innoven al respecto con otros productos de carácter forestal), fumen puros o sólo en pipa, no compren pañales (vuelvan a utilizar pañales de tela orgánica, mucho más ecológicos y cuya reutilización favorece la economía circular), etc. Idealmente, si son muchos, ya verían como disminuye la producción de celulosa, con todo lo que podría conllevar en cuanto al descenso de la demanda y de las cortas de esta especie. Pero, mientras ello no sucede, esta campaña muestra claramente la xenofobia, el apartheid y el neocolonialismo del rural anteriormente descrito, con argumentos que recuerdan, salvando las distancias, a la metáfora de la vieja que pasa llorando de Jon Jauristi. Por último, si la Xunta se deja influenciar por dicha campaña a la hora de tomar una decisión sobre la moratoria de las plantaciones de eucalipto, será cómplice de lo arriba expuesto. No se debería olvidar que aunque la solución fácil es siempre el veto (o sea, extender la moratoria), ello suele ser lo menos equilibrado desde el punto de vista de la elección social. 

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