Cada vez vemos más claramente las locuras y vanidades del mundo y apreciamos los valores reales: J. Burroughs, Time and Change (1912)

Aproximadamente dentro de un mes se celebrará en Belém do Pará (Brasil) la reunión anual de la COP(Conferencia de las Partes). Se pretende que ésta sea un hito tal y como lo han sido algunas conferencias anteriores (v.gr., la de Paris 2015) tanto por el empeño de la organización, por el lugar donde se ubica (bioma amazónico) y por los objetivos que se pretenden abordar. Además, se celebra en una ciudad situada en el norte de un país donde, a diferencia de Europa, la mayor riqueza, medida según indicadores macroeconómicos, está en el sur. Aunque en otras ocasiones he realizado un análisis a posteriori, en este caso prefiero realizar algunos comentarios con anterioridad a que comiencen a proliferar las noticias y la hoguera de las vanidades asociada a estos eventos.

Por otro lado, y partiendo de la base que deseo que la cumbre tenga el mayor éxito posible, me llama la atención los problemas que están surgiendo para albergar a los visitantes que se esperan en la misma. Han aparecido noticias sobre problemas de greenwashing , costes exagerados de las plazas hoteleras que incluso han llevado a algunos mandatarios a cuestionarse su presencia, e incluso cambios en la programación docente de alumnos en las últimas semanas del curso escolar. Estos problemas pueden parecer a priori impensables en otras ciudades que han albergado alguna COP (Madrid es un ejemplo claro de ello), pero sedes como Belém do Pará presentan una infraestructura limitada. Es decir, no es compatible maximizar el número de asistentes sin tener en cuenta la oferta de infraestructuras de la ciudad. Y hablo con conocimiento de causa por haber estado en esa ciudad hace unos años. Si el objetivo de la reunión no es el turístico, se debería haber limitado el tamaño de las delegaciones. Y exigir que éstas se limiten a los que realmente tengan algo que aportar con relación a los objetivos de la reunión. El resto, la podría seguir online sin ningún problema. En esta línea, y aunque sea algo nimio en comparación con la gente que se espera, no me parece de recibo que en España la Fundación Biodiversidad financie el viaje a cuatro becarios (enhorabuena a los agraciados) cuando me consta que muchos estudiantes y Profesores de Universidad de Brasil no pueden asistir a dicha reunión por falta de medios, de alojamiento, etc. Me parece, como mínimo, una falta de empatía brutal, máxime cuando en los últimos 15 años no he visto proyectos o acciones relacionadas con la Amazonía por parte de dicha Fundación. Si quieren aportar su grano de arena al problema del cambio climático y la región amazónica, ahí va una idea para utilizar los fondos disponibles: las Universidades de la Amazonía brasileña han firmado recientemente una declaración conjunta donde reivindican su papel, parece que también diluido en esta cumbre, y están abiertas a colaboraciones en este sentido.

Por otro lado, si antes he mencionado el tema turístico es por otra razón. Una encuesta oficial, publicada hace unos días, a los residentes de esta ciudad muestra como éstos ven el evento como algo donde los beneficiados van a ser las empresas del sector turístico, lo cual parece lógico, y mayoritariamente estos beneficios van a ser a corto plazo. Me ha llamado mucho la atención que entre áreas económicas encuestadas, el que obtiene un porcentaje menor de respuesta a la pregunta de quiénes serán los más beneficiados es el sector denominado “bioeconomía y sector verde”.  Es decir, la población desconoce posibles efectos positivos de esta cumbre en áreas como la forestal. Por todo ello sería importante intentar preservar en el tiempo el legado de esta cumbre. Una iniciativa interesante al respecto sería la iniciativa “UAE Belém Work Programme“ que apuesta por definir una serie de indicadores capaces de reflejar el progreso de acciones de adaptación al cambio climático a diferentes escalas. Es decir, se pretende continuar la idea plasmada en el Acuerdo de París para promover acciones de adaptación más eficaces, medibles y que puedan ser supervisados frente a los impactos climáticos. Acompañar el nombre de la ciudad a estándares a nivel internacional puede traer externalidades positivas en el futuro. 

Partiendo de los problemas ya conocidos asociados a las COPs, no tengo elementos de juicio para prever el resultado final de esta cumbre, pero me interesa resaltar algunas acciones proactivas desarrolladas por el gobierno brasileño en las últimas fechas y que intuyo son algo desconocidas en otros países. La primera es el compromiso, con ayuda del Gobierno de China, de restaurar antes de 2030 12 millones de hectáreas de zonas degradadas con vegetación nativa. Me parece una cifra muy elevada dado el objetivo superficial (cifra más elevada que el área de las plantaciones forestales de Brasil) y el tiempo que resta para la fecha límite, pero, obviamente, ojalá se cumpla. La segunda ha sido promover la creación de un mecanismo financiero para zonas forestales (Tropical Forest Forever Facility). Este fondo pretende ser un vector que aporte financiación a los países que conserven sus bosques tropicales y que no dependa de acciones puntuales de los gobiernos y entidades filantrópicas. Parece que se pretende que el sistema sea lo más simple posible en cuanto a su verificación, y por ello no exige calcular el carbono ganado o perdido de un período a otro, sino simplemente se cotejarán imágenes de satélite relativas a la superficie forestal. Si he entendido bien, cada hectárea preservada se compensará con 4$ al año. Sin embargo, y centrándome en el caso de Brasil, me parece extraño que se descarte a biomas tropicales como el cerrado (también excluido de EUDR, para vergüenza de algunos), la caatinga y el pantanal. La última idea, aún en estadios más iniciales, sería la de impulsar un mercado de carbono a nivel global, con el fin de mejorar en las reducciones de gases de efecto invernadero de una forma más eficiente y, adicionalmente, sustituir el mecanismo de ajuste en frontera por carbono (CABM). La idea es establecer un precio común del carbono para cuatro sectores industriales: acero, aluminio, cemento y fertilizantes. Veremos cómo avanza esta propuesta, pero llama la atención que se apunte a mercados globales de carbono mientras aquí las legislaciones surgen a nivel autonómico, con todos los problemas que ello ocasiona para los actores que intervienen en estos mercados. Creo que se debería reflexionar al respecto. 

Finalizo, parafraseando a Paul Krugman, con un colofón musical bien brasileño:

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