Bioeconomía forestal (y 2)

En estos tiempos tan vertiginosos y desazonadores se percibe, para algunos conceptos, una efervescencia artificial y, en muchas ocasiones, alejada de las bases teóricas que los sustentan. Es como si hubiera que aceptar que un término deba significar lo que uno pretenda, que encaje en su discurso y así dar una imagen más o menos “cool”. Ya se sabe que, para algunos, es más importante utilizar palabras de moda que el propio contenido de sus propuestas. Aunque no son los únicos, se pueden citar varios ejemplos al respecto, como el de “servicio ecosistémico” y también el de “bioeconomía”.

Profundizando en este último concepto, es necesario analizar algunas de sus implicaciones. Ya se ha comentado en este blog algunas de las omisiones relacionadas con la bioeconomía forestal, pero voy a insistir en algunos aspectos, partiendo de la base que sin el uso de productos derivados de la madera no se puede acometer la transformación bioeconómica de la que muchos están hablando. Sin embargo, cuando, por ejemplo, se habla de estos usos de la madera que puedan sustituir a otros materiales constructivos, se suele omitir un principio básico que es el del “sistema en cascada” (lenguaje utilizado en la Estrategia Nacional de Bioeconomía, ENB). Ello implica que los diferentes usos de los productos derivados de la madera deben ser utilizados de una manera eficiente, en el sentido de que se mantengan el mayor tiempo posible en el sistema. Por ejemplo, y me remonto a una situación real ocurrida hace unos años: alguna CC.AA. promovió en su momento planes de actuaciones selvícolas (clareos, claras) muy intensos en montes de su competencia para incrementar la oferta de madera que pudiera ser destinada a pellets, y evitar así que se utilizara para este fin madera con destino a sierra. Dicho de otra forma, en un contexto multifuncional asociado a los sistemas forestales, debería existir un uso jerárquico del recurso maderero, y el output con destino bioenergía no debe primar frente a otros productos. Esta idea no se percibe en el discurso que se está haciendo en España sobre el término bioeconomía, y sería deseable que apareciera en documentos como Planes o Estrategias Forestales. Es decir, salvo que se pretenda (el sueño de algunos acientíficos intolerantes) que no se corte ningún árbol en España, y que toda la madera con destino a la construcción proceda de la importación, es preciso asegurar este principio. Además, así se podría empezar a estimar cuál sería la oferta de madera futura para algunos de los destinos donde se espere que la madera tenga un gran protagonismo. 

Por otro lado, la bioeconomía forestal en España en los últimos tiempos parece que debe estar ligada en una suerte de matrimonio indisoluble con la palabra “circular”, dando lugar a la recientemente denominada bioeconomía circular (en la ENB creo que no aparece esta idea), aunque ello no signifique que todos los procesos y en todas las escalas que se analicen deban ser circulares y no lineales. Por otro lado, resulta fácil invocar esa convergencia, pero suele ser más escaso leer que se hable del grado de circularidad óptimo asociado a dicha bioeconomía. Se puede alcanzar una determinada meta de circularidad, pero para ello habrá que emplear diferentes herramientas tecnológicas, organizacionales y, en cierta medida, políticas, empezando por el nivel óptimo de reciclado y/o reutilización de los distintos outputs. En el ámbito forestal habría que definir el nivel óptimo de reciclado/reutilización de los productos forestales, nivel que no se especifica en la reciente Estrategia Española de Economía Circular.

En otras ocasiones se da por supuesto que la bioeconomía es sostenible. El ámbito forestal presenta una gran ventaja frente a otros sistemas que producen biomasa porque, en general, no compite con otros usos (agricultura), y en él se producen servicios ecosistémicos esenciales como puede ser la captura de carbono, contribuyendo así a actuaciones de mitigación del cambio climático, o la conservación de la biodiversidad. Con todo ello, y con un mínimo de cuidado, parece que en el ámbito forestal la bioeconomía debería ser sostenible y esta circunstancia nos la recuerdan midiendo las veces que aparecen atributos asociados a los sistemas forestales en los ODS. Sin embargo, en este argumentario echo en falta un elemento básico de la sostenibilidad: si estamos hablando de propietarios y de empresas….la bioeoconomía debe ser rentable, debe generar beneficios. Como resulta fácil pensar, si no existe esa rentabilidad, no se invierte en ciertos sistemas forestales, si no se produce esa inversión, por ejemplo, no se reduce el despoblamiento de las zonas rurales, y las consecuencias finales sería un abandono de actividades basadas en la bioeconomía. Por último, y aunque algunos neocolonialistas de lo rural puedan pensar lo contrario, esa justa rentabilidad no significa mercantilizar la naturaleza, ni mucho menos: significa asegurar la sostenibilidad de estos procesos bioeconómicos.

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