Nueva industria forestal en Galicia

Hace pocos días se han conocido detalles sobre un nuevo proyecto de industria forestal en Galicia, centrada en la fabricación de pasta soluble y lyocell, una fibra que se crea a partir de la celulosa y que ya se puede encontrar en algunas marcas de ropa bajo su nombre comercial más conocido (tencel). Las dimensiones de este proyecto (se habla de más de 500 millones de euros en una superficie del complejo de 200 has) justifica realizar algunos comentarios al respecto, partiendo de la base que la información al respecto resulta bastante imperfecta. A pesar de esta circunstancia, creo que lo primero que hay que decir es que esta inversión es una buena noticia desde varios puntos de vista. Así, conviene subrayar es que en Galicia existe capital humano, social y natural del que se verá beneficiada esta instalación tan singular. En tiempos de exaltación de la bioeconomía y de la economía circular conviene incluir esta iniciativa bajo estos dos paraguas, lo que sin duda encaja en planes estratégicos de desarrollo económico a varios niveles. 

La primera pregunta que me surge es cómo se va a abastecer de materia prima esta nueva industria. Si he entendido bien, parece que van a actuar de forma opuesta a lo que hace la competencia en otros países: no van a comprar terrenos para impulsar plantaciones propias. Por poner un dato real: en una fábrica recién inaugurada en Brasil por el líder mundial de estos productos, y con una producción algo mayor, se han previsto 70.000ha de plantaciones para alimentar la instalación. Pues bien, aquí van a comprar madera en el mercado, siguiendo la política fundamental de esta empresa (en Portugal sus plantaciones sólo suponen el 20% del abastecimiento de madera), y supongo que desanimados por la desgraciada medida de prohibición de nuevas plantaciones de eucalipto. Creo que debe ser la primera vez que alguna empresa apuesta por una instalación de este tipo en una región donde se impide realizar nuevas plantaciones de eucalipto desde hace un año. Aunque este dato refleja una contradicción evidente de la política forestal gallega, la pregunta inicial sería: ¿dispone Galicia de madera suficiente para alimentar esta industria? A mi juicio, y como se ha comentado en una entrada anterior, la respuesta es afirmativa, y aún sin conocer las cifras del último inventario que seguro incrementan la oferta potencial de madera de eucalipto. Es decir, parece que con los eucaliptares actuales, ceteris paribus, se debería abastecer esta fábrica, sin acudir a otras especies. Por otro lado, si hay más demanda a priori debiera esperarse un alza de los precios, pero desconozco si las tecnologías para la fabricación de estas fibras siguen manteniendo la misma preferencia por E. globulus frente a E. nitens. Sin embargo, hay un tema importante que subyace a la hora de evaluar esta decisión: ¿ha tenido algún impacto en la decisión el procedimiento judicial activo sobre la fábrica pontevedresa de ENCE? ¿Se ha previsto que esta nueva demanda va a absorber la existente en esa fábrica o, por el contrario, los escenarios planteados incluyen esta instalación? Sería interesante que alguien lo aclarara, aunque creo que hay oferta suficiente de madera para esta nueva instalación y las dos de ENCE existentes en el norte de España.

Una vez analizada la oferta, una decisión clave en cualquier decisión estratégica a nivel empresarial es dónde localizar sus instalaciones productivas. Hace pocos días se ha sabido que la empresa ha elegido, para sorpresa de muchos, un municipio del centro de Galicia. Esta decisión ha sido polémica, y dejando a un lado temas políticos, cualquier empresa si cumple las normativas y leyes debe instalarse donde estime oportuno. Por ejemplo, si una empresa ha optado por instalar una granja de langostinos en Medina del Campo está en su derecho, aunque parezca algo chocante. En definitiva, si han decidido arriesgar su dinero en el municipio de Palas, y el ayuntamiento apoya la idea, perfecto. Pero si la viabilidad del proyecto puede depender de una inyección de capital a través de fondos públicos, quizá haya que explicar las razones por un principio básico de equidad en el reparto de estos dineros, y razones hay para ello. Por ejemplo, si recordamos que no se va a apostar por el autoabastecimiento, la decisión ha supuesto elegir una zona donde no existe en un radio cercano una gran oferta de madera de eucalipto y, por otro lado, también supone que se descarta (o, al menos, se complica) el transporte de los productos a través de medios marítimos. Además, el ferrocarril creo que no está presente en este municipio, con lo que se está sublimando el transporte por carretera, con las consecuencias asociadas.

En esta línea, la empresa ha hecho unas declaraciones diciendo que han analizado un ingente conjunto de localizaciones y que al final la decisión se ha debido a la disponibilidad de agua y a encontrar una extensión de 200ha. Como es lógico pensar, desconozco las alternativas, los criterios para evaluarlas y los pesos que se ha dado a cada uno de ellos, pero a priori me cuesta creer que no se pueden conseguir 200ha en otro punto de Galicia. Y, por otro lado, también necesitaría más información sobre el tema del agua. El CEO de la empresa ha dicho muy acertadamente que la elección de la localización es una decisión para décadas, pero el tema del agua ha sido modulado con datos actuales (caudal existente en diversas ubicaciones). Haciendo algunas operaciones rápidas con las informaciones publicadas, cada tonelada de lyocell implicaría un consumo de 79m3 de agua, y supongo que algo menos en la pasta soluble. Recuerdo que una tonelada de pasta celulósica producida por ENCE o Altri ronda los 22m3 de agua. Ello implica que esta nueva línea de producción es mucho más intensiva en el consumo de agua, por mucho que gran parte de esa agua retorne a la cuenca correspondiente. Sin embargo, se ha probado la tendencia de disminuir la cantidad de agua utilizada para el consumo de celulosa (al menos un 10% en los últimos años en Portugal) y supongo que eso se podría extender al lyocell. En resumen, no sería muy descabellado suponer que en pocos años la eficiencia en cuanto al consumo de agua aumentaría, lo que pudiera abrir el abanico a otras localizaciones inicialmente no consideradas por la supuesta no disponibilidad de agua.  Por otro lado, no he leído nada de la huella ambiental de la empresa. Me estoy refiriendo, además del agua, a la huella de carbono asociada al transporte de la madera y de la propia fibra vegetal. Creo que es un tema importante para la toma de decisiones, y máxime cuando la competencia ya está poniendo en el mercado fibras de lyocell casi neutras en el consumo de carbono. A priori, parece que esta nueva fábrica no experimenta demasiadas ventajas competitivas en esta dirección. 

En síntesis, esta nueva instalación proporcionará un mayor valor añadido a las plantaciones de eucalipto, un número de puestos de trabajo supongo que bastante inferiores a lo que ha aparecido en prensa (en la nueva instalación a la que me he referido anteriormente en Brasil son como 1.000 trabajadores incluyendo 70.000ha de plantaciones, frente a los 2.500 anunciados en la nueva instalación de Palas, sin ningún tipo de nueva forestación). Sin embargo, desde el punto de vista de la estructura de las plantaciones a priori no se esperan cambios en el turno habitual, lo que conducirá a una cierta homogeneización de estas superficies, máxime si E. nitens también se destina preferentemente a celulosa. Quizá habría que incentivar otros usos para estas plantaciones por motivos tanto paisajísticos como relacionados con el mercado. La única política con respecto al eucalipto no debiera ser sólo la de moratorias y prohibiciones. Por último, un efecto secundario de esta elección se puede observar en las comarcas no agraciadas por este supuesto premio gordo. Singularmente voy a referirme a las situadas en el norte de Galicia (desde Ferrol hasta Ribadeo), lugares por excelencia de las plantaciones de eucalipto. El caso es que en los últimos años han visto como toda la industria de referencia ha desaparecido a cambio de que aumenten… el número de lobos y demás fauna silvestre, asumiendo sus habitantes en exclusiva el coste de mantener estas especies. Curioso e insostenible trade-off. Por mucho que se alegren algunos citadinos neocolonialistas, cuando no se ofrecen alternativas a los núcleos de población en el rural (como podría haber sido una instalación de estas características), a la larga sólo queda la nada. Y la nada tampoco es lo óptimo para ellos, por muy militantes que sean de políticas claramente no sostenibles, pero acicaladas como ecológicas por el vacuo ropaje ministerial de turno.

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