“Money is a universal metric. By measuring values through monetary valuation, the practice offers the possibility of equating values across contexts for comparison across scales” (Allen & Bush, 2025)
Como es bien sabido, en los últimos lustros se está produciendo un cambio radical en cuanto a las demandas que la sociedad realiza de los sistemas forestales. Así, diversos estudios recientes que buscan datos primarios al respecto a través de encuestas se encuentran con que los servicios de provisión (madera, cortezas, productos forestales no maderables, etc.) no son los más demandados o no son los que se reseñan como más importantes. Así, un estudio reciente muestra resultados en esta línea obtenidos a través de una encuesta realizada en toda Europa, pero, además, particulariza el caso de España por la diferencia de opinión entre los habitantes de zonas rurales y los que viven en ciudades. Así, los primeros presentan una clara conciencia de la importancia de los servicios ecosistémicos de provisión, mientras que, aproximadamente, el 30% de los citadinos selecciona la respuesta “no sabe/no contesta” cuando se le inquiere por este tipo de servicios ecosistémicos. Este dato me parece relevante y, a la vez, muy preocupante sobre la percepción que la sociedad tiene de los sistemas forestales, pero no es el objeto de esta entrada. En resumen, según este estudio los servicios ecosistémicos de regulación y culturales presentan a nivel europeo una importancia fuertemente mayor que los servicios ecosistémicos de provisión. Además, conviene señalar que el número de estudios que utilizan diversas técnicas de valoración ambiental con relación a servicios ecosistémicos en los sistemas forestales no para de crecer.

Esta situación conduce a una pregunta: ¿disponemos de las informaciones asociadas a estos servicios ecosistémicos en terrenos forestales que permitan gestionarlos de acuerdo con estas supuestas preferencias? Dicho de otra forma, ¿los datos proporcionados por el Inventario Forestal Nacional (IFN) son suficientes para abarcar las demandas de información de otros servicios ecosistémicos diferentes de, por ejemplo, la producción de madera? La respuesta a esta cuestión vendrá dada, en primer lugar, por los objetivos con los que se planteó en su momento este IFN a lo largo de sus cuatro ciclos ya completados. Observando las evaluaciones que se hacen de estas décadas de desarrollo y perfeccionamiento del IFN, y reconociendo de antemano el gran esfuerzo que se ha realizado y su importancia para la gestión, uno puede colegir que el objetivo principal se ha centrado en la estimación de las existencias maderables y en los productos forestales que llegan al mercado. Ello puede ser muy loable, pero si se pretende que sea un elemento esencial a la hora de tomar decisiones en las masas forestales y éstas hoy en día presentan otros objetivos adicionales o distintos al suministro de algunos servicios ecosistémicos de provisión, es fácil concluir que no está cubriendo alguno de sus objetivos previstos o, por lo menos, que debería ampliarse para facilitar otro tipo de datos muy necesarios.
Un trabajo muy reciente ahonda en esta línea. Así, los autores comparan características de los IFN de 5 países (Noruega, Suecia, Finlandia, Estados Unidos y Argentina), y manifiestan la falta de datos relativos tanto a los propietarios forestales, salvo en el caso de Estados Unidos, como a valores de servicios ecosistémicos que no poseen un precio de mercado en dichos IFN. Por ello abogan por introducir y fortalecer los datos socioeconómicos en ellos IFN. Obtener informaciones de los propietarios forestales resulta de vital importancia, como se ha comentado repetidamente en otras entradas, máxime cuando en España el 72% de la superficie forestal es de naturaleza privada. La existencia de un minifundismo forestal en algunas zonas no justifica esta omisión, máxime si comparamos los datos públicos disponibles (eso sí, en otro Ministerio) sobre propietarios de tierra rural no forestal. La discriminación es evidente. Por otro lado, en próximos IFN se debería seguir con el capítulo de valoración ambiental que ya ha figurado tanto en el IFN3 como en el IFN4. Y no sólo eso, sino que se debería promocionar su uso, ya que es un apartado muy desconocido dentro del IFN. Por ejemplo, un dato que cada día presenta una mayor importancia es el de conocer el número de personas que visitan los montes. Ya no sólo para intentar evaluar algunos servicios ecosistémicos, como los culturales, sino para gestionar con más fundamento estos sistemas forestales. Si s externaliza convenientemente, a nivel de país no sería complicado establecer mecanismos para obtener esta información de manera periódica, y que hipotéticamente se pudiera incorporar al IFN.
Esta idea de que recursos públicos aporten informaciones útiles para la gestión cuando intervienen servicios ecosistémicos sin precio de mercado se trata en un artículo de revisión publicado también en este año 2026 en la revista Science. Aunque está enfocado a la adaptación al cambio climático y a problemas ambientales en Estados Unidos (los recientes y devastadores incendios), la tesis es que, por un lado los mercados pueden ofrecer herramientas para abordar estos problemas pero, simultáneamente, estos mercados pueden ser insuficientes para integrar en la gestión aspectos relacionados con diversos servicios ecosistémicos, por lo que el sector público debe corregir este fallo de mercado. Los autores citan como ejemplo en esta línea la cuantificación del carbono almacenado en el suelo, aspecto complicado de realizar por parte de un propietario privado.
Hay otros aspectos que se pueden introducir en este contexto, empezando por el ciclo óptimo de ciertas informaciones, pero el objetivo es animar a un debate constructivo en esta dirección cuando se inicia un nuevo ciclo en el IFN. En definitiva, lo arriba comentado incide en la necesidad de disponer de unas informaciones de calidad que sean capaces, entre otros objetivos, de proporcionar apoyo a propietarios y gestores forestales para el mantenimiento de diversos servicios ecosistémicos de regulación y culturales (los de provisión ya están descontados), con el fin de que este esfuerzo, además, pueda ayudar a sensibilizar a la población sobre la importancia de entender, conservar y sublimar los sistemas forestales existentes. Y para lograr este objetivo se debería ampliar el conjunto de informaciones que ofrece el IFN.



