Servicios Ecosistémicos Culturales

Forests can be categorized based on the predominant types of relationships people have with them“. A. Himes et al. (2025).

Dentro del conjunto de servicios ecosistémicos, resulta interesante comprobar la evolución de cómo se integran en la gestión forestal los servicios ecosistémicos culturales. Aunque en algunos contextos aparecen con menos jerarquía que, por ejemplo, servicios ecosistémicos de regulación (captura de carbono, protección de la biodiversidad, etc.), en no pocos sistemas forestales presentan una importancia considerable. Es preciso recordar que estos servicios van mucho más allá de las actividades recreativas en los sistemas forestales, que suele ser lo que a primera vista se suele pensar cuando se habla de estos servicios. En efecto, según las clasificaciones más prolijas, toda interacción de un ser humano con estos sistemas que no tengan como objeto la obtención de materias primas podrían inicialmente encajar en esta acepción, bien sea de tipo experiencial, intelectual, espiritual o simbólico. Y es preciso reconocer que en los últimos años se han desarrollado numerosas iniciativas que intentan capturar la esencia de estos servicios ecosistémicos y acercarla a los posibles usuarios. En general, constituyen ejemplos muy interesantes desde diferentes puntos de vista, pero me quedo con dos: el emprendimiento que articula estas apuestas, y la posibilidad de mitigar el despoblamiento rural. 

Al hilo de esto se está produciendo una paradoja, dado que mientras algunas de estas opciones son novedosas y requieren atención desde muchos puntos de vista, incluido el de la gestión forestal, por otro lado lo que subyace son las relaciones que existen entre los seres humanos y los sistemas forestales. Desde un punto de vista histórico esta relación ha sido abordada en innumerables textos y, como es normal, con variaciones notables en la forma de percibir estos sistemas a la luz de factores como el cambio en los valores que la sociedad ha experimentado (y experimenta) con relación a los montes, y los nuevos bienes y servicios que se fomentan en algunas zonas. Resulta fácil de entender que aspectos como la industrialización y la urbanización posterior han debilitado la conexión de las personas con la naturaleza y que en los últimos años se intenta recuperar parte de esta conexión disipada a través de una “terciarización” de muchas actividades. Muchas de ellas se vinculan a estos servicios ecosistémicos culturales. 

Desde el punto de vista de la gestión forestal quisiera realizar dos comentarios de carácter general. El primero de ellos es que comienza a ser un tanto contradictorio que, mientras en muchos sistemas forestales el tradicionalmente conocido como uso social emerge con notable importancia, el gestor no dispone muchas veces de unos datos básicos para modular diferentes alternativas de gestión en función de los visitantes previstos. A veces resulta un tanto difícil de entender cómo en los documentos de gestión se exigen inventarios de todo tipo, pero excluyendo simultáneamente una estimación de las personas que visitan dichos espacios forestales. A mi juicio, creo que debería existir una base de datos a nivel nacional que debería recoger esta sensata demanda. Conocer este dato, aunque sea de manera aproximada, ayudaría a justificar potenciales medidas a desarrollar en los próximos años y, entre otras ventajas, también facilitaría la estimación de valores asociados a dichos servicios ecosistémicos. Como ya he comentado en otras ocasiones, en las estadísticas forestales está ausente este campo. Sólo se incluyen las licencias de caza, sin diferenciar entre terreno agrícola y forestal. El segundo comentario versa sobre una idea antes expuesta: si cada vez existe mayor demanda de servicios ecosistémicos basados en la interacción de los seres humanos con los sistemas forestales, ¿cuánta superficie forestal se destina a cubrir esta demanda? Salvo error u omisión por mi parte creo que esa información no está disponible. Incluso llama la atención cómo en las recientes estadísticas a nivel internacional (Global Forest Resources Assessment 2025 de la FAO) se dice explícitamente que no existe en España superficie dedicada a “social services”. Dado que resulta fácil encontrar montes con proyecto de ordenación vigente donde existen cuarteles con un objetivo principal centrado en el uso recreativo, esta estadística no parece muy fiable. 

Ya que he mencionado la caza, parece pertinente recordar que, en algunas ocasiones, la frontera entre los servicios ecosistémicos no es tan sencilla. Dicho de otra forma, mientras se pueden encontrar publicaciones donde clasifican esta actividad como un servicio ecosistémico de provisión (encuadrado en los productos forestales no madereros), otros muchos pensamos que la presenta una componente recreativa muy importante. Algo similar se puede considerar con relación a la recolección de hongos. También resulta inmediato vincularlo en la categoría de servicio ecosistémico de provisión, pero también presenta una clara componente recreativa. Aquí se incluirían, todas las iniciativas de micoturismo que se están desarrollando en la actualidad en diferentes CC.AA. Parece evidente que el auge de estas actividades implica, a menudo, modificar la gestión prevista (se suele recomendar una selvicultura más intensiva al inicio y turnos más dilatados después). Se pueden citar otros ejemplos relacionados con servicios ecosistémicos culturales (por ejemplo, actividades que intentan favorecer la salud humana), pero la idea es que, idealmente, los documentos de gestión deberían recoger sus demandas y modificar en consonancia algunos aspectos, por ejemplo del Plan Especial. 

Por otro lado, a pesar de que ese contacto entre la sociedad y la naturaleza pudiera circunscribir los valores asociados a estos servicios ecosistémicos, dentro de la casilla de valores de uso, la realidad nos muestra que existen otros valores de no uso vinculados a estos servicios. Un ejemplo que traigo a colación, entre otras razones porque me parece una iniciativa extraordinaria, sería este libro publicado en Brasil (ya en su segunda edición) donde se recopilan canciones que se refieren a 125 árboles presentes en los sistemas forestales, agrícolas y urbanos de este país. Aunque pudiera parecer un número exiguo comparado con la exuberancia botánica existente en Brasil, el caso es que recoge para cada especie unos datos botánicos, y fragmentos de canciones del acervo musical de este país. Incluso algunas son tan icónicas como las “Águas de Março” de Antonio Carlos Jobim, donde se menciona una especie del género Aspidosperma. La relación entre los árboles y la música es tan antigua como la existencia de la especie humana y, volviendo a lo que nos ocupa, habrá gente que escuchando estas canciones rememore ciertas especies arbóreas y, por ejemplo, las valore más: sería un ejemplo claro de un valor delegado. O, si se quiere, constituye otro ejemplo donde se demuestra que los servicios ecosistémicos están ligados al bienestar de las personas. 

Partiendo de la base que, en ocasiones estos servicios ecosistémicos de carácter cultural son difíciles de definir y de medir, sería muy interesante, siendo repetitivo, que se integraran en la gestión, no sólo minimizando potenciales conflictos con los servicios ecosistémicos de provisión, sino también con otros servicios ecosistémicos, como pueden ser los relacionados con la conservación de la biodiversidad. En definitiva, las decisiones sobre cómo enfocar la gestión y qué acciones llevar a cabo en el corto-medio plazo dan lugar a “trade-offs” no solo entre servicios ecosistémicos de provisión y de regulación, sino también entre diferentes tipos de servicios ecosistémicos culturales y los stakeholders afectados. El gestor debe buscar la mejor solución a la hora de manejarlos en su conjunto, pero contando con la mejor información posible al respecto.

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