“Globally, 70% of forest products are sourced from 7% of the world’s forest, of which the latter are predominantly planted or have a planted component” (Evans, 2009, p. 141)
Entre las diferentes características que se podrían soldar a las políticas forestales (y, ampliado el foco, a las ambientales), una de ellas sería la de las contradicciones endógenas que muestran. Contradicciones, curiosamente bendecidas, y cuando no jaleadas, por ciertas autoridades. Una de ellas, a mi juicio, es no estimular, a diferentes niveles, planes de forestación con el fin de intentar cubrir la demanda, actual y futura, de ciertos productos de madera. Un ejemplo muy claro es la iniciativa europea de proponer plantar 3000 millones de árboles donde se excluyen servicios ecosistémicos de provisión como la producción de madera. Esta tendencia, creo recordar, que ya estaba presente en la Estrategia Forestal Europea donde no se apostaba por las plantaciones, digamos “tradicionales”. Se aportaban unas ideas muy genéricas pero, como es habitual, sin estudios prospectivos de cómo puede evolucionar la oferta y la demanda de los productos derivados de la madera, atendiendo, como resulta obvio, a los distintos usos que pueden cubrir. Eso se sustituye por algo incierto y de lo que no se proporcionan todos los datos ni el óptimo asociado: el uso en cascada de la madera.

En un informe publicado recientemente (State of European Forests) se condensan muchas informaciones sobre los sistemas forestales europeos y me ha sorprendido el enfoque prestado a las plantaciones forestales. Aunque la superficie total (algo más de cinco millones de hectáreas) es muy pequeña con relación a la superficie total forestal, sí que es algo más grande que lo que denominan “superficie no modificada por el hombre”, y a cuya categoría se le otorga más importancia en dicho informe. Llegados a este punto conviene recordar que la superficie de esta categoría es de cero hectáreas en España. Es decir, que pese a los desesperados intentos de retorcer la realidad por parte de algunos jactanciosos correveidiles subvencionados, en España no existen zonas forestales que no hayan sido moldeadas por la mano del hombre a lo largo de su historia. Existen otros países europeos que comparten esta característica pero, en cambio, según esta misma fuente, nuestro país es uno de los que dispone de una mayor superficie de plantaciones forestales en Europa.
Este informe muestra con toda crudeza la muy heterogénea realidad de la superficie forestal en Europa. Mientras existen algunos países nórdicos donde el sector forestal es importante a nivel macroeconómico y donde, además, existe la gran parte de bosques sin intervención humana, otros países más al sur presentan unas condiciones de partida muy diferentes. Además de otras razones, estos datos conducen a que resulta complicado diseñar unas políticas forestales conjuntas a nivel de la UE. En esta línea, a mi juicio, no resulta justificado aludir a un superávit en el comercio exterior de productos de madera a nivel UE para desincentivar la expansión de algunas plantaciones forestales. Un ejemplo de ello sería la demanda futura de madera con aptitudes estructurales con el fin, por ejemplo, de su empleo en el sector de la construcción. Igual estoy equivocado, pero no he visto ningún estudio riguroso donde se vinculen futuros escenarios de para alimentar los productos necesarios (madera contralaminada, etc.) en función de la demanda prevista. Salvo que se pretenda que este tipo de construcción no pase de ser un producto “nicho”, estos estudios son necesarios, máxime teniendo en cuenta que en los próximos años van a soportar una competencia feroz por el avance tecnológico asociado a posibles competidores. Y si esa esa idea que se tiene (producto nicho, destinado a ciertos segmentos de demanda), habría que modificar ciertos discursos triunfalistas relacionados con la bioeconomía y la circularidad. En definitiva, hacen falta estudios prospectivos series que intenten modelizar la oferta futura de madera con estas aptitudes procedente de los sistemas forestales europeos en función de la demanda prevista. Estos discursos de mirar hacia delante y acompasar las previsiones forestales con las económicas para fijar escenarios plausibles dentro de lustros son los que en la actualidad se echan en falta. Frente a esta necesidad, por desgracia, abundan los discursos en sentido contrario: ir hacia atrás en el tiempo e imaginarse escenarios tan falsos como utópicos con el fin de justificar disparatadas medidas de (no) gestión forestal.
Poniendo un ejemplo concreto, levantar un edificio construido de madera en España con la materia prima procedente de Suecia a mi modo de ver rompe atributos básicos de la economía circular, además de no fomentar la bioeconomía forestal nacional, y aquí descansa otra contradicción de esta ojeriza generalizada a la expansión de plantaciones forestales con una orientación (que no tiene por qué ser la única) hacia servicios ecosistémicos de provisión. No debería ocurrir que importar un producto agrícola que se ha cultivado a 200 km vulnere principios de la economía circular y traer madera cortada y tratada desde 4000km de distancia sea aceptable. Y ya que he mencionado la bioeconomía forestal, también se constata en los últimos años en España un descenso acusado en la industria de la madera en cuanto a su importancia en el valor añadido bruto. Si a esto le sumamos los problemas actuales en la oferta de madera en base a ciertos riesgos bióticos y abióticos y la acción del cambio climático, el fomento de cierto tipo de plantaciones forestales puede ser imprescindible en algunas regiones. Curiosamente, la tendencia es la contraria en la industria del papel, a pesar de que se aborten iniciativas industriales con el efectivo y científico argumento de no facilitarles el suministro eléctrico.

Por otro lado, echo en falta en Europa estudios relacionados con las plantaciones forestales, por ejemplo como los que se publican regularmente en Brasil. Vale que la superficie de dichas plantaciones (10,5 millones de hectáreas) es superior a la estimada en la Unión Europea, pero de forma muy sencilla y útil se reflejan los datos principales asociados a este tipo de sistemas forestales. Si se apostara por replicar esta idea, en un pequeño informe mucha gente profana en estos temas podría encontrar informaciones muy interesantes sobre la importancia de las plantaciones en diversos aspectos (producción de madera, empleos, exportaciones, superficie protegida, vinculación con la industria forestal, etc.). También se podrían incorporar datos sobre las plantaciones focalizadas en otros servicios ecosistémicos, diferentes de la provisión de madera. Y puestos a seguir con esta especie de carta a los Reyes Magos, también falta mucha información sobre los propietarios de estas plantaciones. Lamentablemente, mucha gente sigue viendo al propietario como un culpable cuando se produce un problema en estas plantaciones, cuando casi siempre es la víctima. Por cierto, un dato muy significativo es la escasísima implantación de los seguros forestales en España. Un dato reciente en Galicia es muy revelador, y esto conduce a la idea anteriormente expresada: resulta mucho más sencillo amenazar al propietario si no dispone sus predios con unas determinadas características que minimicen el riesgo de incendios forestales que ayudarle con estos instrumentos, tan habituales por cierto en otros ámbitos del mundo rural.
Por último, si algún amable lector ha mostrado la inquebrantable paciencia de llegar hasta aquí, me gustaría contextualizar lo anteriormente expuesto en esta entrada. Mi postura a favor de ampliar las plantaciones forestales no implica menospreciar o ir en contra de masas ya establecidas (denominadas “seminaturales” en el lenguaje del citado informe). Es necesario realizar la selvicultura apropiada en cada caso y no se pueden calificar en ningún caso de medidas antagónicas. Estas nuevas plantaciones también deberían asegurar que no procedan de cambios de uso anti-natura, ni que se pretenda alterar zonas protegidas. Además, deberían justificar atributos de sostenibilidad reconocidos por stakeholders externos y, por supuesto, disponer de un plan de gestión convenientemente elaborado.



